Welcome

 

Y otra vez pisando las baldosas de un baño roñoso. Cuando pasas los 50 y la próstata la tenés del tamaño de un pera, gran parte del día la pasas parado frente a inodoros y mingitorios. Con el tiempo te volvés un especialista. Te puedo hablar de marcas buenas y malas, de formas y anatomías, de bolas de naftalina y plantillas perfumadas… de todo. Un especialista. Como cambia tu percepción de la vida cuando pasas los 50.

Y los días se pasan como horas… las horas como segundos y encima entras en crisis… sentís que todo lo que hiciste en tu vida no sirvió para nada y que es tarde para empezar a hacer algo “trascendente”. Tus hijos crecieron y se fueron. Tu mujer se fue con otro mucho antes que ellos.

Y no se distinguir si mis hijos no me dan bola porque fui un mal padre o es solo que la cabeza de un hijo funciona así. Yo hice lo mismo con mi viejo. La cuestión es que los dos se fueron, formaron sus familias y desaparecieron de mi vida.

Y empezas a recibir dos llamadas por año de parte de ellos, en navidad y en tu cumpleaños… algunos años ni siquiera eso.

Y llega el vació… tan temido. Sentís que tu existencia no significa nada… que una hormiga tiene la misma vida que vos… con sus pequeñas idiosincrasias por supuesto.

Y empezás a chupar fuerte… a visitar psiquiatras… a tomar antidepresivos… a veces los mezclas porque sentís en tu interior un agujero… pero no es cualquier agujero, es uno que arde como una quemadura. Y el whisky  se mezcla con el antidepresivo y a la bestia se le sueltan los grilletes.

Y rompes el espejo del baño de un cabezazo porque no soportas la imagen que te devuelve… y rompes los muebles a trompadas… y para completarla, revoleas una silla por la ventana del frente de tu casa haciendo añicos el vidrio… con eso ya abriste de par en par las puertas del zoológico.

Y los pelotudos de tus vecinos, que quizás son buena gente… no lo sé… ni tengo ganas de ponerme a pensar en eso ahora… llaman a la policía.

Y llegan golpeándote la puerta y gritando… y vos le contestas a los gritos también: “Váyanse a la concha de su madre”.

Y  te vas al lavadero a buscar la caja de herramientas y sacas un martillo y te sentís feliz. Y pensas: Por fin voy a poder recrear la escena del martillo de la película “Oldboy”, que tanto me gustó.

Y te paras detrás de la puerta de tu casa y escuchas con una felicidad nueva, como la policía se prepara para tirarla abajo… y seguís feliz como nunca… por un segundo tenés un poco de lucidez y te preguntas por esta nueva felicidad… y como fulminado por un rayo te das cuenta que cruzaste la línea y ya estás del otro lado.

Y descubrís que la locura no es aburrida… todo lo contrario. Sentís que estás en un lugar al que perteneces… como nunca antes lo habías sentido. Un lugar donde sos el Rey. Sentís que llegaste a casa.

Y la puerta se abre con un golpe seco… y la policía te ve con la cara llena de sangre… los muebles reducidos a trozos de madera esparcidos por el living… y el martillo en la mano.

Y empiezan un montón de gritos que se tapan unos a otros… lo que te dicen es inentendible y gracioso a la vez. Les sonreís y con la mano libre le haces un gesto para que entren…  que entren en tu reino. Tu cara dice “Welcome”… pero la bestia te dice al oído que cuando crucen el umbral los recibas a martillazos. Los tenés que castigar… los querés castigar… los querés lastimar por que llegaron para alterar la tranquilidad de tu Reino y deben pagar por ello.

Y entran los primeros policías a tu casa… sin armas… hablando un lenguaje que no es de estas tierras.

Y revoleas el martillo con fuerza… golpeas al primero en la cabeza que cae como una rueda de auxilio al piso… hace un ruido parecido cuando golpea el piso.

Y recibís el cachiporrazo del otro que venía detrás. Te pega en la cabeza ensangrentada, pero el pobre intruso no sabe que estás totalmente anestesiado con el coctel que te serviste previamente.

Y pone cara de sorpresa porque no te mosqueo el golpe… no te moviste… y te da pena… te da pena en serio tener que romperle esa hermosa cara de sorpresa.

Y ahí bajás tu mano derecha con toda su fuerza nuevamente sobre el otro poli y el martillo le da en la boca destruyéndoles los dientes. Te sentís triste porque era muy divertida la cara de sorpresa… ya no quedan muchas cosas divertidas en este mundo… es una pena… pero ahora esa cara se perdió. El policía está tirado en el piso atragantado con pedazos de dientes y sangre. Se pone azul hasta que puede vomitar una pasta violeta y blanca.

Y te enojas… mucho… porque ellos llegaron a robarte la felicidad que habías encontrado… te la quitaron.

Y pensas: que se caguen, se lo merecen por venir a joderme a mi lugar… mi castillo… mi reino. Tu cara muestra tu enojo y el martillo sigue en tu mano por si aparece otro irrespetuoso.

Y sentís tres o cuatro pinchazos en el pecho y el estomago. Bajas la mirada y ves unos agujeritos en tu ropa y sentís un líquido caliente que corre de tu pecho a tus piernas.

Y te sentís más amortiguado que antes… te sentís débil… tus piernas se aflojan y caes al piso. Seguís sin sentir dolor… solo cansancio… mucho cansancio… cada vez mayor.

Y ahí tu casa se transforma en un boliche. Hay luces que dan vueltas por todas las paredes… azules y rojas. Hay gente que salta por todos los rincones… todos vestidos igual. Te hablan pero no los escuchas. Y los demás siguen moviéndose rápido, muy rápido.

Y las luces de pronto cambian… ahora son policromáticas… tenés una “Creamfield” en tu casa. Luces de todos los colores existentes y unos nuevos lo iluminan todo… y hay mucha gente de todo tipo y toda clase.

Y los de azul desaparecen pero igual la casa está llena de personas… todas con caras felices. Y de entre la multitud uno te estira la mano y te ayuda a levantarte del piso. Al principio no lo reconoces, pero después te das cuenta que es alguien que no ves hace mucho tiempo… años. Y no sabes por qué, pero le tenés aprecio.

Y vuelve nuevamente la felicidad que habías perdido… solo que esta es más completa… más dulce… más parecida a la felicidad del enamoramiento.

Y te acordas quien es el que te ayudó a incorporarte… es un tío al que querías mucho… con quien tuviste las mejores charlas de tu vida mientras estaba vivo… pero no es precisamente él… o no está como lo recordabas… sino que es una versión joven de tu tío.

Y te habla… te dice que no tengas miedo… que él te va a llevar con los demás… que te están esperando. Y te encontras con gente que no ves hace mucho mucho tiempo… que los querías… que los extrañabas… y todos te reciben con una sonrisa y abrazos que te dejan el pecho caliente.

Y por fin entendes que has pasado al otro lado… a otro plano… a otra existencia. Y te sentís bien… muy bien… feliz. Todo empieza a tener claridad en tu mente… todo empieza a tener sentido… por fin lo entendes todo.

Como vos lo estas entendiendo ahora. Así que no tengas miedo… agarrate de mi mano y salí de la bañera… dale… salí. Deja todo como está… no hace falta limpiar nada… veni… veni… que te están esperando. Si… así nomas… no hace falta que te vistas… mira… mira quien viene ahí a recibirte.

Viste… viste que no tenías que tener miedo… todo está bien… todo va a salir bien.

 

MARIANO ARGERICH

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