El Coñemu

 

El trabajo era pesado.

Todo el mundo quiere trabajar en el mundo del espectáculo porque cree que todo es luces, cenas exclusivas y vedetes que te cogés en camarines o detrás de escenografías. Quizás haya gente que hace esa vida, bueno, esa no era la mía.

Yo actuaba en lugares con mucho olor a pucho y alfombras con un fuerte olor a pata y orina.

Trabajo de Ventrílocuo desde los 20 años en este tipo de antros. Mi número está pensado para entretener a los clientes mientras rellenan sus copas a la espera de la siguiente stripper.

Mi muñeco se llama Estanislao, nunca le gusto a nadie ese nombre así que siempre me presentaron como Mariano y su muñeco lo cual despertaba miles de burlas entre los parroquianos más borrachos. El más popular era “Mariano… haceme hablar este muñeco”… siempre… pero siempre me lo tiraban. Todos festejaban este tipo de gastadas. Yo solo podía poner mi mejor cara de póquer y empezar con mi número.

Aprendí de un libro y con videos de Youtube, con lo cual podes imaginar que mi número no era de los mejores. Hacía los clásicos, hacer hablar el muñeco fumando, tomando un trago, comiendo una hamburguesa.

Un día me ahogué con el pucho, mi pecho explotó en una horrible tos y encima me cagué encima. Hacía días que venía con una diarrea desesperante por culpa de las hamburguesas del local. Lo peor fue cuando me compuse. Lo encontré a Estanislao tirado en el piso, bañado en mierda. Lo único que atiné a hacer fue a pegarle una patada y hacerlo desaparecer entre el cortinado, me  despedí como pude y salí del escenario. Esa debe haber sido mi noche de mayor éxito. Nunca logre tantas risas ni dejar a un público tan eufórico.

El éxito tiene un sentido del humor retorcido.

Esa noche conocí a Norma. Era una Stripper que ya estaba de vuelta. Tenía 40 años y la gravedad estaba trabajando su cuerpo. Ella gentilmente me llevó una toalla a mi camarín y un rollo de papel higiénico.

Ahí empezó una relación muy linda, una amistad basada en desgracias comunes que habíamos tenido sobre el escenario. Ambos habíamos pasado por momentos traumáticos y eso de alguna forma nos fue uniendo.

Empezamos a salir a tomar tragos y a cenar, hasta que llegó el fatídico día que me la chapé.

Esa noche nos habíamos dedicado al tequila con cervezas Corona, combinación suicida, si las hay. Terminamos en mi departamento tomando cerveza. Cuando terminó la suya me miró fijo y me dijo “Te quiero llevar a la cama”. Yo remamado le contesté “Sí llevame por favor porque no me puedo parar… podemos hacer una parada en el baño antes así  vomito? ”. Norma se paro y se fue del departamento cerrando la puerta brutalmente.

La volví a ver al otro día en el club. Mi resaca era horrible, sin embargo su cara en lugar de mostrar enojo o dolor por lo que había pasado, tenía una sonrisita traviesa.  Entró y de su mochila saco a Estanislao y me dijo “Este es mas hombre que vos”.  No Había notado su ausencia en mi maletín supongo que por la resaca que apenas me permitía arrastrar mi cuerpo por el lugar. Lo miré a Estanislao y estaba desmejorado. En algunas partes la madera estaba cuarteada y en otros la pintura había desaparecido, en la nariz por ejemplo. También venía con un olor extraño, a perfume barato y puerto pesquero.

Por suerte en mi maletín tenía todo lo que necesitaba, pegamento y pinturas para volver a ponerlo en forma antes de que tuviéramos que salir al escenario.

Esa noche fue tranquila, mi número salió regular… como de costumbre… la gente no se quejó demasiado… unos cuantos abucheos… lo standard para una noche tranquila.

Sin embargo cuando me estaba cambiando para partir escuché a la gente gritando y aullando en el lugar como no lo había escuchado en mucho tiempo. Miré por el costado del cortinar y era Norma quien recibía los gritos de aprobación de los parroquianos. Nunca la vi con tanta energía y tan osada. Yo también quedé sorprendido con su strip tease, que tengo que reconocer, me excitó muchísimo. Terminó de bailar y llovían los aplausos y los billetes sobre el escenario.

Ella se despidió como una verdadera estrella y los aplausos siguieron por unos 10 minutos más.

Pasó a mi lado y no notó mi presencia o no quiso notarla. Al bajar del escenario estaban las otras chicas y el dueño esperándola para felicitarla. Se abrazaron y gritaron como locos. Yo tomé mi maletín y me retiré en silencio. Mi vida siguió su camino hacia el olvido a buena velocidad.

Un año nuevo, al amanecer, luego de cerrar el local, empezamos a festejar y a beber. Toda iba bien hasta que noté que Norma me miraba de formas lasciva. Supuse que ya estaba borracha y no me equivoqué.

Antes de que nos despidiéramos y nos fuéramos del club se acercó y me dijo que quería hablar conmigo a lo que yo accedí. Fuimos a un rincón y me dijo sin ningún tapujo “Esta noche lo necesito a Estanislao”. Al principio pensé que estaba loca pero después tuve una genial idea, supongo que gracias a que estaba sobrio. Le dije “Lo único que te puedo ofrecer Norma es que hagamos un trió”. Lanzo una larga risotada y contestó “Por supuesto… no hay ningún problema”. Las cosas mejoraban.

Nos fuimos a su departamento. Entrando me tiro “vayan poniéndose cómodos”. Al principio no entendí el plural, después me acordé de Estanislao y lo saqué del maletín y lo senté a mi lado. Mientras esperaba, la veo pasar a Norma al baño completamente desnuda. Guiño que ningún hombre puede obviar. Rápida y nerviosamente me desvestí y me senté desnudo en el sillón.

Apareció norma y con cara de fastidio dijo “Que hace él vestido” señalando a Estanislao. No quise evaluar el estado de la psiquis de Norma, así que de inmediato me puse a desvestir a Estanislao. Una vez que estuvo desnudo el muñeco, Norma cambió de humor.

“Ahora pueden venir los dos a la cama” dijo y se marchó a la habitación. Tomé el muñeco y salí despedido detrás de ella.

Lo que sigue es muy difícil de contar. Si te pido que te imagines lo más loco del mundo, creo que te quedás corto.

Mientras estábamos en esa orgia de carne y madera, en un momento lo miré a Estanislao y me miró y me dedico una sonrisa. Casi me muero, se me bajo en el acto… el muñeco tenía vida…  no me pregunten cómo, pero en la cama era un ser independiente.

Norma se dio cuenta en el acto de mi flacidez y me dijo “¿Qué pasa papi? ¿No fue tu idea la del trío? Pensé que esto te iba a excitar”. De golpe Estanislao se me acerca y me dice algo al oído, me tira unas palabras como para salir del paso de la situación incómoda o al menos así lo pensé en ese momento. “Sabes que me calentaría en serio” dije… “Que Estanislao te hiciera una lluvia dorada… te prendes?”, “por supuesto, eso no se pregunta…. Jajaja… dale mi amor… llename de viruta” contesto ella “a este bombón se lo permito todo”

El muñeco se acerco a la cara de Norma y algo así como la punta de un plumero salió de entre medio de sus piernitas de madera y luego un fuerte chorro de orina salió de ahí y fue a aterrizar de lleno en la cara de Norma.

“Muñeco hijo de una gran puta” lo revoleó contra la pared y le saltaron los brazos y las piernitas, “y vos también impotente de mierda largate de aquí”.

Traté de juntar las partes de Estanislao mientras me vestía, con Norma gritando y empujándome para que me fuera.

Salimos con vida porque Norma estaba muy borracha, si estaba sobria nos apuñalaba. Era buena con los cuchillos la Norma. Tenía prontuario.

Ya en la calle, en la parada del colectivo, lo miraba a Estanislao con tristeza. “Cuando llegué a casa te arreglo” le dije y una lagrima corrió por la mejilla del muñeco. “No te hagas problema… te voy a dejar como nuevo”. Estanislao me miro con una tristeza infinita, ojos llorosos y hablo con tono de enojo “¡Pero La pinchila te la olvidaste adentro del departamento, ¡pedazo de forro!”, En ese momento llegaba el colectivo. Lo tiré debajo de las ruedas justo cuando frenaba y el Muñeco se hizo añicos. “¡Engrupido de mierda! Siempre te traté como a un hijo… ahora porque el señor coge, se cree con el derecho de faltarme el respeto…  Muñeco de mierda…   que noche podrida”.

 

MARIANO ARGERICH

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