Una Fija

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Mi memoria es mala pero si tenés tiempo te lo cuento.

Bueno. Yo generalmente me despertaba temprano todas las mañanas. Alrededor de las 5 am. Me gusta la tranquilidad de esa hora, el silencio. Mi esposa y mis hijos durmiendo, me gustaba ver a los chicos dormir, esas bellas caritas, con una expresión de pequeños angelitos. Prendía mi computadora, me preparaba un café y escribía los informes del día anterior. Los que podía, lo que mi cabeza podía elaborar a esa hora, que era la más productiva.

A las 9 tomaba mi auto y me dirigía hacia la universidad, en donde trabajo. Soy profesor asociado de la cátedra “Ritos Medievales” de la Carrera de Exorcismo de la UBA. Esa semana estábamos estudiando el “Statua Ecclesiæ Latinæ”.

Mis alumnos eran aplicados, no eran muchos. En los primeros años la mayoría hacían sus prácticas con algún Poseso y abandonaban. No es fácil que te vomiten y te insulten en lenguas que desconoces.

Mi materia era del último año, así que la mayoría de ellos eran casi profesionales. Pero algunos tenían temores, al igual que cualquiera de nosotros. El giro de 360 grados de la cabeza era algo que a mí, con años de experiencia, todavía me seguía impresionando.

Tenía un alumno brillante, Mario Alaníz, exorcista nato. Pasaba todos los exámenes con diez. Un día trajimos a la Facultad a una actriz de telenovelas posesa. Estaba hablando en alguna lengua muerta (o puede haber sido portugués, no sé, pero era muy molesto). Llegó Alaníz y le dijo “SÁQUESE” y a la mierda, el demonio se fue. La verdad que yo quedé impresionado. Todos aplaudían. Él se dio media vuelta y se fue, era medio engreído. Y así como existía un Alaníz existía un opuesto. Veliz, un chanta.

Es de conocimiento popular que en nuestra Facultad, muchos de los Posesos terminan muertos. Cosas propias de la profesión. Un día Veliz entró con una mina del brazo gritando: “¡Está poseída!”. Se juntó mucha gente por el alboroto que armó. La chica lucia normal, era bastante bonita, una belleza prudente.

-Fernando, ¿Por qué me haces esto, si sabes que estoy bien?

-Escuchen – dijo mirando a los que se habían reunido – Sabe mi nombre, maldito demonio.

-¡Soy tu novia Fer!, ¿Por qué no hablamos de lo que nos pasa?

No termino de decir “pasa” y Veliz le aplicó un puñetazo certero al medio de los dientes. Volaron un par de piezas.

-¡Hijo de ffuta!

-¡Está blasfemando! – otra piña, ahora al lado de la oreja izquierda.

Uno de los alumnos nos alertó de lo que estaba pasando. En verdad era la novia. Ya habían llegado los pasantes con las sogas, el agua bendita y demás herramientas. Paramos todo en el acto.

-Señor Fernando Veliz, deje a esta chica en paz y por favor le vamos a pedir que deje las instalaciones del Hospital de la UBA porque a partir de este momento está usted expulsado. Retírese por favor.

Esto no era nada nuevo, pasaba seguido,  con novias, suegras, amantes, de todo. Pero era notable la reincidencia de estos eventos con las suegras. Uno de los peores casos fue el de un astrólogo. Fue trágico.

Llego a nuestras manos para que lo atendiéramos. Era muy molesto. Pedíamos a los pasantes las sogas en voz baja y él nos decía:”No quiero que me aten”. Estábamos por rezar una oración en arameo y él:”Baruch atah adonai elohaynu, melech ha olam”. Uno de los alumnos cansado le dijo:”Tirame los números del Quini” y el tipo: “36, 12, 45, 10, 23, 00”. Todos nos cagamos de risa menos dos de nuestros pasantes que los anotaron en sus celulares.

-¡Dejen de hinchar las pelotas con eso! ¡Este tipo es una chanta!

-Doctor, ¿No quiere saber lo que hace su mujer mientras usted está aquí?

Me lo tomé con calma, no era la primera vez que me pasaba.

-Si sos tan bueno… ¿No sabías que te iban a traer aquí?

-Estoy aquí por Ud. Doctor, para ayudarlo.

El tipo sabía cómo ponerme nervioso.

-¿Ah, sí? ¿Y cómo?

-Abriéndole los ojos.

¡A la mierda con el dialogo! Le tiré un chorro de agua bendita por obligación y después le metí un cross de derecha granítico en el hígado.

-¡Sal de ahí espíritu del Averno!

-¡Doctor! ¡Pare!. –Dijo tomándose el abdomen -Su mujer lo engaña con su colega. El de su izquierda.

A mi izquierda estaba Javier Gonzales, excelente profesional y amigo. Estudiamos y nos recibimos juntos. Él se encargaba solamente de las oraciones, pero como nunca, se aproximó al tipo y le aplico un rodillazo en la quijada.

-¡Calla Tú!, ¡Espíritu maligno!

El tipo se cagó encima, pero igual ya estaba enrarecido el ambiente. Primera vez que lo veo a Javi hacer eso. Me acudió la duda, pero no iba a dejar que este pelotudo me arruinara una amistad de años.

-¡Paren todos! A ver, ¡decime el nombre de mi mujer!

-Cristina

-¿Qué está haciendo en este momento?

-Comprando lencería.

Tomé mi celular y marqué su número.

-¿Si?

-Hola querida, disculpame que te moleste, pero estoy con un laburito entre manos y quiero saber algo. ¿Qué estás haciendo?

-En la verdulería, haciendo las compras.

-Gracias, besos.

Corté y le metí un piñón en un ojo al mentalista.

Estaba perdiendo la compostura, así que traté de justificar mi actitud frente a mis alumnos. Dije con autoridad.

-Alumnos, en algunos casos los espíritus demoníacos quieren confundirnos con medias verdades pero…… – me interrumpió el mentalista:

-Está comprando lencería para acostarse en un rato con este tipo Javier, tu amiguito.

– Por favor – señalé a dos alumnos – Lo amordazan.

Los alumnos se acercaron y le taparon la boca con cinta de embalar.

Seguí hablando, lo miré al tipo y me hacía con la mano cuernitos.

Trataba de no desconcentrarme, seguí con mi speech. Comenzamos con el ritual, dije una pequeña oración introductoria y empecé con el agua bendita. Le tocaba a Javi seguir con las oraciones de destierro, las más fuertes, pero no lo escuchaba, no decía nada. Lo miro y veo que estaba desencajado, con una maza en la mano (en casos extremos usábamos esas herramientas). El astrologo estaba tranquilo, lo único que ahora me hacía los cuernitos con las dos manos. Traté de ser profesional. Pregunté.

-¿Quién trajo a este infeliz? ¿Fuiste vos Paenza?

-Llegó a la guardia solo señor – Me contestó un pasante – Habló en Arameo y mientras daba media vuelta su cabeza decidimos derivarlo a este servicio.

¡La puta madre! Sin la posibilidad de hablar, el laburo con el Poseso era casi imposible, debía investigar quién era el espíritu invasor. Javier seguía con la maza en la mano. No me gustaba la expresión en su rostro. Sus ojos parecían fuera de sus orbitas. Pedí que le sacaran la cinta de la boca al mentalista. El tipo respiró profundamente y se acomodó en la silla poniéndose verdaderamente cómodo, apoyando su brazo derecho en el respaldo. No me gustaba su actitud.

-Quiero hablar con el espíritu usurpador de este cuerpo. ¡REBÉLATE!

-Esteee…. Doctor.. No estoy poseído, solo quiero hablar con usted.

-¡Cállate maléfico!, ¿Quién eres?

-Raúl Quintana, mentalista y necesito hablar con usted.

Me hartó. Este era un boludo. No estaba poseído, solo era un imbécil.

-¡Salgan todos¡ ¡fuera! ¡fuera!. Necesito hablar con el paciente.

Salieron todos menos Javier que seguía con la maza en la mano.

-¿Me puedo quedar?

-No Javi, discúlpame, vos también afuera.

Se fue de muy mala gana, con la maza en la mano mirando a Quintana de una manera perniciosa.

-Decime… ¿Que querés? ¿Plata?

-No doctor. Mire… – Empezó a hablar muy rápido y bajando la voz – Ayer vino su mujer a mi consultorio, quería ver si tendría suerte en unas inversiones. Durante la sesión, vi que estaban tramando matarlo. Ella con su amante, ese que se acaba de retirar.

-Bueno ya dijiste lo que tenías que decir, ya te podes ir. – Le señale la puerta de mala manera.

El tipo se levantó de la silla lentamente, en cámara lenta, serio, sorprendido por mi reacción. Se daba cuenta que no le creía una palabra y para mi sorpresa se fue sin intentar pedir dinero.

-Una última cosa. ¿De donde sacaste lo del arameo?

-Orech ruah

-A tu hermana también – Llegué al límite de mi tolerancia.

El tipo salió por la puerta, frustrado y molesto. A los segundos sentí un golpe fuerte y un grito desgarrador. Salgo y Javier estaba con la maza ensangrentada en la mano y Quintana inconciente en el piso.

-¿Qué hiciste? – Le dije mientras socorría al mentalista.

-Estaba poseído, te lo juro – Se besaba la mano en forma de cruz.

Llegaron varios enfermeros, lo llevaron a terapia, pero no sobrevivió. Había perdido masa encefálica y además no tenía obra social, así que a la mierda.

Hice que ese mismo día se iniciara un sumario al doctor Javier Gonzales por mala praxis, uso de instrumental quirúrgico para dañar a un tercero y robo de opiáceos en el quirófano.

Lo último lo agregué porque lo estábamos haciendo todos y ya necesitábamos que alguien se hiciera cargo de los faltantes. Siempre buscamos un perejil para eso y Javi se nos había entregado en bandeja. Una pena.

Quintana me dejó pensando. ¿Quién me lo habrá mandado? Quizás fue una joda de alguien, pero Javi lo magulló feo. No era para tanto.

Lo sumarios eran extremadamente lentos. Javier Gonzales siguió trabajando conmigo, así que todo volvió a la normalidad, exorcismos iban y venían a diario, una rutina fastidiosa.

Un sábado a la noche me llamaron de urgencia al hospital. Eso nunca pasaba, los sábados no trabajábamos nunca, menos a la noche. Aparentemente la hija de un alto funcionario estaba poseída. Tuve que ponerme el ambo y salir.

Llegué al quirófano y estaba Javier con una actitud nerviosa.

-Que haces.

-Aquí, aburrido. ¿Quién mierda labura un sábado por la noche?

-Decímelo a mí. ¡Qué clavo! Voy a la computadora a ver mis mails.

Javier asintió con la cabeza y señaló la computadora con la mano. Caminé hacia ella y Javier hasta los instrumentos del quirófano, hacía ruido como buscando algo.

Abrí Facebook y veo unas fotos hermosas que me sorprendieron sobremanera. Lo sentí a Javi acercándose a mis espaldas. Sin quitar la mirada de la pantalla le digo: “¡Javier, Dos de nuestros pasantes están de vacaciones en las Islas Maldivas!”.

 

MARIANO ARGERICH

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