Mal día

(Tip: Para disfrutar mejor  este cuento, leerlo escuchando a Public Enemy haciendo “Don’t give up the fight” con Ziggy Marley.)

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La mañana era muy calurosa, el pronóstico decía que debíamos esperar unos 47 grados, algo normal para Otoño en Bell Ville. Tenía que ir al Supermercado Chino por proveeduría. Generalmente era una tarea de unas 10 horas conseguir las provisiones necesarias para un par de días. Desde que Bell Ville superó los veinte millones de habitantes, las cosas no fueron las mismas.

Sonó mi celular, un Tango 300 que todavía estoy pagando. Era mi novia, estaba desesperada, no conseguía parches para su bicicleta, los diarios ya hablaban de un posible desabastecimiento, pero así hablaban de todo y por ahí nada pasaba.

Su bicicleta era otras de las cosas que estaba pagando en cuotas, todo pagaba en cuotas, así era mi vida, en cuotas. Eran pequeñas pero también lo eran los sueldos. Cobraba 50 pesos por un trabajo de 2 horas diarias, que era la jornada laboral conseguida por los gremialistas hace tiempo. Gran logro.

Olga, mi novia, estaba desesperada, no iba a llegar a su trabajo a tiempo. Las horas de trabajo se habían acortado pero se habían vuelto inflexibles con el horario de ingreso. La tardanza era motivo de despido. Mi novia tenía 4 horas de viaje desde su casa hasta el trabajo, al buscar su  bicicleta en la cochera del monoblock, la encontró con una rueda pinchada, mala leche.

Yo estaba en la cola del cajero del supermercado, no había mucha gente por suerte. Adelante había una gran pelea, mucha sangre, yo no me entrometí. De acuerdo al cartel luminoso había una espera en promedio de 4 horas, poco, perfecto.

Olga estaba desesperada en mi celular. Le dije que se tranquilizara, que ya había perdido su trabajo, que mañana empezaríamos a buscar otro. Mi rápida respuesta pareció tranquilizarla, dejo de llorar, me preguntó que llevaría para comer, lo de siempre contesté: bagre y whisky. Me preguntó si me quedaba plata para un poco de polenta: “loca de mierda” replique, hace años que no tengo plata para un poco de polenta. Eso me pasa por salir con minas cajetillas, pensé disgustado.

Como siempre hago en las colas, saque mi cuchillo tramontina y maté a las 20 personas que estaban adelante mío, con una rapidez inconcebible. Les tapaba la boca y en un solo movimiento les abría la garganta de par en par, era un Gurkha, un Talibán histérico. Pare a las espaldas de una gordita. Empecé a mirar para todos lados, parecía no haber nadie mirando, agarre a la gordita por la boca y la degollé. Al instante sonó una alama. “la reputisima madre que los parió” dije para mis adentros. Apareció el seguridad del Súper.

-Señor que hizo.

-Quien yo?

-Si Usted.

-Nada.

-Por favor no me tome por tonto, lo he visto por el monitor degollar a esta señora.

-Papi.. -le dije bajando el tono- estoy un poco apurado.

-Todos estamos apurados señor. Usted sabe cómo son las regulaciones de los supermercados chinos, solo se puede matar a 20 personas en la cola del local, si mata a alguna de más tiene que ir al final de la fila, vamos, al final.

-Tengo 10 centavos para vos – le dije susurrando.

-Al final he dicho, vamos, vamos.

La puta madre, me tuve que ir al final de la fila. Por suerte el cartel luminoso seguía diciendo que la demora era de 4 horas, menos mal. Me puse a jugar con mi balero hecho con una lata de arvejas y un palito. Estaba haciendo la doble Nelson cuando suena nuevamente mi celular. Era mi hijo.

-Papi, que haces.

-Estoy en la cola del súper hijo, que necesitas?

-Pa, creo que voy a ser padre.

-Me cago en vos. Ricardo que te dije la semana pasada?

-Ya se papá, no te enojes.

-Que te dije, que te parió.

-Que no tuviera más hijos

-Y?

-Estaba chupado Pa.

-Todos estamos chupados, pero no todos tenemos 15 hijos como vos pelotudo, además después del segundo hijo sabes que emiten una orden de captura. Porque estas en el exterior? no lo sabes?

-Si Pa, si lo sé, por tener tantos hijos.

-En todos los países las reglas de natalidad son iguales, no sé qué te pensas.

-Aquí en Bélgica es más tranquila la cosa.

-Como te tratan los Belgicanos?

-Son unos nabos. Deje la escritura, me dedico a las cyberestafas.

-Ya era hora, cuando me giras unos australes?

-Sabía que no te tenía que llamar

En eso siento un dolor punzante en la espalda y un calor que me recorre de talón a nuca. Me doy media vuelta y veo a un tipo enorme forcejeando con otros dos. Los tres están ensangrentados. Me toco mi espalda y la noto empapada.

-Que te pario.. (alcanzo a decir), me la diste.

Saco mi tramontina y mato al atacante que estaba inmovilizado, ya que tenía a un tipo colgado de cada brazo. Le asesto un puntazo en la garganta y la sangre sale como de un sifón. Listo, a seguir haciendo la cola. Supuse que los otros dos no iban a intentar nada conmigo, porque yo los había librado del grandote, por lo menos eso pensaba, por las dudas tenía que estar atento. Esperaba que no me sonara el puto celular. Odio las colas. Ya tengo solo a dos personas delante mío, nada.

Alguien grita “guarda los cables!” y veo por mi costado pasar algo parecido a una víbora. Cuando puedo acomodar la vista ya la veo volviendo hacia mí. Era una soga que en la punta tenía un gancho de carnicero. Me agarra el hombro derecho y me arrastra hacia donde está el zángano que me quiere ganar el lugar en la fila.

No puedo sacar mi tramontina porque mi brazo derecho esta inutilizado y maldita sea, soy diestro!. Me agarro con el izquierdo de los pelos de un tipo y lo arrastro conmigo. Caemos los dos a los pies del Octopus Mediterráneo, lo utilizo al melenudo de escudo y siento como le entra un cuchillazo en el abdomen. Me baña con su sangre. Veo que en su mano tiene un cortaplumas, asqueroso pordiosero, como va a salir con eso a la calle.

Manotas saca su cuchillo del abdomen del mechudo y me mira viciosamente. Aparece algo puntiagudo desde adentro de su pecho. Salvado por un Alíen pensé, giladas que se te cruzan por la cabeza antes de morir. Termina de aparecer un machete de en medio de su pecho.

Otro más pulenta venia matando del fondo, y le partió el pecho al carnicero de mierda este. El tipo ya se había cargado como a cuarenta y los de seguridad lo terminaron corriendo del súper. Me levanto rodeado de tripas y sangre, que súper de cuarta, tendría que haber ido a un Wal-Mart.

Llego a la caja, paso las cosas por el lector de códigos. 87 centavos, la puta madre, nos van a comer los piojos.

MARIANO ARGERICH

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