Welcome

 

Y otra vez pisando las baldosas de un baño roñoso. Cuando pasas los 50 y la próstata la tenés del tamaño de un pera, gran parte del día la pasas parado frente a inodoros y mingitorios. Con el tiempo te volvés un especialista. Te puedo hablar de marcas buenas y malas, de formas y anatomías, de bolas de naftalina y plantillas perfumadas… de todo. Un especialista. Como cambia tu percepción de la vida cuando pasas los 50.

Y los días se pasan como horas… las horas como segundos y encima entras en crisis… sentís que todo lo que hiciste en tu vida no sirvió para nada y que es tarde para empezar a hacer algo “trascendente”. Tus hijos crecieron y se fueron. Tu mujer se fue con otro mucho antes que ellos.

Y no se distinguir si mis hijos no me dan bola porque fui un mal padre o es solo que la cabeza de un hijo funciona así. Yo hice lo mismo con mi viejo. La cuestión es que los dos se fueron, formaron sus familias y desaparecieron de mi vida.

Y empezas a recibir dos llamadas por año de parte de ellos, en navidad y en tu cumpleaños… algunos años ni siquiera eso.

Y llega el vació… tan temido. Sentís que tu existencia no significa nada… que una hormiga tiene la misma vida que vos… con sus pequeñas idiosincrasias por supuesto.

Y empezás a chupar fuerte… a visitar psiquiatras… a tomar antidepresivos… a veces los mezclas porque sentís en tu interior un agujero… pero no es cualquier agujero, es uno que arde como una quemadura. Y el whisky  se mezcla con el antidepresivo y a la bestia se le sueltan los grilletes.

Y rompes el espejo del baño de un cabezazo porque no soportas la imagen que te devuelve… y rompes los muebles a trompadas… y para completarla, revoleas una silla por la ventana del frente de tu casa haciendo añicos el vidrio… con eso ya abriste de par en par las puertas del zoológico.

Y los pelotudos de tus vecinos, que quizás son buena gente… no lo sé… ni tengo ganas de ponerme a pensar en eso ahora… llaman a la policía.

Y llegan golpeándote la puerta y gritando… y vos le contestas a los gritos también: “Váyanse a la concha de su madre”.

Y  te vas al lavadero a buscar la caja de herramientas y sacas un martillo y te sentís feliz. Y pensas: Por fin voy a poder recrear la escena del martillo de la película “Oldboy”, que tanto me gustó.

Y te paras detrás de la puerta de tu casa y escuchas con una felicidad nueva, como la policía se prepara para tirarla abajo… y seguís feliz como nunca… por un segundo tenés un poco de lucidez y te preguntas por esta nueva felicidad… y como fulminado por un rayo te das cuenta que cruzaste la línea y ya estás del otro lado.

Y descubrís que la locura no es aburrida… todo lo contrario. Sentís que estás en un lugar al que perteneces… como nunca antes lo habías sentido. Un lugar donde sos el Rey. Sentís que llegaste a casa.

Y la puerta se abre con un golpe seco… y la policía te ve con la cara llena de sangre… los muebles reducidos a trozos de madera esparcidos por el living… y el martillo en la mano.

Y empiezan un montón de gritos que se tapan unos a otros… lo que te dicen es inentendible y gracioso a la vez. Les sonreís y con la mano libre le haces un gesto para que entren…  que entren en tu reino. Tu cara dice “Welcome”… pero la bestia te dice al oído que cuando crucen el umbral los recibas a martillazos. Los tenés que castigar… los querés castigar… los querés lastimar por que llegaron para alterar la tranquilidad de tu Reino y deben pagar por ello.

Y entran los primeros policías a tu casa… sin armas… hablando un lenguaje que no es de estas tierras.

Y revoleas el martillo con fuerza… golpeas al primero en la cabeza que cae como una rueda de auxilio al piso… hace un ruido parecido cuando golpea el piso.

Y recibís el cachiporrazo del otro que venía detrás. Te pega en la cabeza ensangrentada, pero el pobre intruso no sabe que estás totalmente anestesiado con el coctel que te serviste previamente.

Y pone cara de sorpresa porque no te mosqueo el golpe… no te moviste… y te da pena… te da pena en serio tener que romperle esa hermosa cara de sorpresa.

Y ahí bajás tu mano derecha con toda su fuerza nuevamente sobre el otro poli y el martillo le da en la boca destruyéndoles los dientes. Te sentís triste porque era muy divertida la cara de sorpresa… ya no quedan muchas cosas divertidas en este mundo… es una pena… pero ahora esa cara se perdió. El policía está tirado en el piso atragantado con pedazos de dientes y sangre. Se pone azul hasta que puede vomitar una pasta violeta y blanca.

Y te enojas… mucho… porque ellos llegaron a robarte la felicidad que habías encontrado… te la quitaron.

Y pensas: que se caguen, se lo merecen por venir a joderme a mi lugar… mi castillo… mi reino. Tu cara muestra tu enojo y el martillo sigue en tu mano por si aparece otro irrespetuoso.

Y sentís tres o cuatro pinchazos en el pecho y el estomago. Bajas la mirada y ves unos agujeritos en tu ropa y sentís un líquido caliente que corre de tu pecho a tus piernas.

Y te sentís más amortiguado que antes… te sentís débil… tus piernas se aflojan y caes al piso. Seguís sin sentir dolor… solo cansancio… mucho cansancio… cada vez mayor.

Y ahí tu casa se transforma en un boliche. Hay luces que dan vueltas por todas las paredes… azules y rojas. Hay gente que salta por todos los rincones… todos vestidos igual. Te hablan pero no los escuchas. Y los demás siguen moviéndose rápido, muy rápido.

Y las luces de pronto cambian… ahora son policromáticas… tenés una “Creamfield” en tu casa. Luces de todos los colores existentes y unos nuevos lo iluminan todo… y hay mucha gente de todo tipo y toda clase.

Y los de azul desaparecen pero igual la casa está llena de personas… todas con caras felices. Y de entre la multitud uno te estira la mano y te ayuda a levantarte del piso. Al principio no lo reconoces, pero después te das cuenta que es alguien que no ves hace mucho tiempo… años. Y no sabes por qué, pero le tenés aprecio.

Y vuelve nuevamente la felicidad que habías perdido… solo que esta es más completa… más dulce… más parecida a la felicidad del enamoramiento.

Y te acordas quien es el que te ayudó a incorporarte… es un tío al que querías mucho… con quien tuviste las mejores charlas de tu vida mientras estaba vivo… pero no es precisamente él… o no está como lo recordabas… sino que es una versión joven de tu tío.

Y te habla… te dice que no tengas miedo… que él te va a llevar con los demás… que te están esperando. Y te encontras con gente que no ves hace mucho mucho tiempo… que los querías… que los extrañabas… y todos te reciben con una sonrisa y abrazos que te dejan el pecho caliente.

Y por fin entendes que has pasado al otro lado… a otro plano… a otra existencia. Y te sentís bien… muy bien… feliz. Todo empieza a tener claridad en tu mente… todo empieza a tener sentido… por fin lo entendes todo.

Como vos lo estas entendiendo ahora. Así que no tengas miedo… agarrate de mi mano y salí de la bañera… dale… salí. Deja todo como está… no hace falta limpiar nada… veni… veni… que te están esperando. Si… así nomas… no hace falta que te vistas… mira… mira quien viene ahí a recibirte.

Viste… viste que no tenías que tener miedo… todo está bien… todo va a salir bien.

 

MARIANO ARGERICH

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La Caída de Britannia

Dos amigos charlan en un Café. Lugar y tiempo indefinido.

-Todos los imperios implosionan, se pudren por dentro, la historia así te lo demuestra: Los Mongoles con sus infinitas guerras tribales, Alejandro Magno y su hedonismo desbordado e insufrible y no nos olvidemos de la mejor caída de todas… Los Romanos, con la locura desbocada de sus Césares… jajaja… eso sí que fueron lindos bichitos.

-Jajaja.

-Los que nunca se imaginaron una caída tan estrepitosa fueron los Ingleses, eso fue una belleza.

-¿Si?

-Para… ¿no conoces la historia? ¿Sabes quién es Fabio Rodríguez?

-Mmmm… la verdad que no.

-Ah bueno, sos más pelotudo de lo que me imaginaba… me retracto, sos un ignorante de alta gama.

– ¡Pará la moto!… ¡Para la mootoo!

-Mirá… porque te quiero te voy a desburrar. ¿Sabías que al Imperio Británico lo volteó un Argentino?

-Nooooo… no te lo puedo creer. Decime que fue Maradona.

– No seas pelotudo. Para la pelotudez no hay tratamiento, para la ignorancia están los libros. Como un amigo que te quiere bien te digo: Hace un esfuerzo muy grande y trata de pasar por ignorante nada más. Quedate con eso nomás. Ya es algo.

-No te emboco porque te quiero… pero todo tiene un límite.

-Bueno, si me queres callate la boca y dejame que te ilumine.

-Dale fluorescente, me callo así me iluminas.

-Bien… la historia viene así: Pleno siglo 19… la Reina Victoria de Inglaterra, movida por el embole puro y simple de quien lo tiene todo y durante una cena donde había corrido bastante la bebida, entró en discusión con algunos de sus cortesanos sobre la superioridad de la mujer sobre el hombre. Los cortesanos le preguntaron en que basaba sus dichos su majestad … ella les contestó que la respuesta era muy simple “Porque podían dar a luz… sin mujeres no hay humanidad… ni hombres ni mujeres ni nada… por eso somos superiores”. Otro cortesano le replicó “¿Y que va a pasar su Majestad cuando la humanidad evolucione como especie y los hombres puedan quedar embarazados?”. La Reina dijo: “Cuando eso pase, al primer hombre embarazado le voy a regalar las extensiones de tierra que desee de mi reinado y además un premio en metálico de un millón de libras esterlinas”. Todos muy cordiales festejaron la ocurrencia de la Reina, pero el pez por la boca muere. Al otro día algunos de los cortesanos que se habían sentido ofendidos por el trato de la Reina, le recordaron su promesa… y la Reina, sin amilanarse en lo más mínimo, instituyó el “Premio de la Reina Victoria” que básicamente constaba de todo lo que había prometido la noche anterior ¡Nada más y nada menos!

Durante los años siguientes fueron apareciendo muchos chantas en todas las épocas y por todas las latitudes, que quisieron cobrar el premio con poco éxito. De nuestra época fue el famoso Filipino embarazado… de ese te tenes que acordar.

-Sííííí… como olvidarlo… me acuerdo haberlo visto en Telenueve, presentado por José de Ser.

-¡Aaaah… para eso sos bueno!. Para acordarte de boludeces sos una luz, pero todavía no me pagaste la cena que perdiste con el último River-Boca… de eso no te acordas.

-Bueno bueno… no divagues, ¿Qué fue del filipino?

-Ahora te enganchaste con la historia turrito. Del filipino no se supo más nada después de sus 15 minutos de fama. Lo del embarazo debe haber sido un bolo fecal del tamaño de un melón. La plata que habrá gastado en vaselina el pobre infeliz para que se lo sacaran del organismo.

-Jajaja… sos ocurrente hijo de puta… dale, dale… seguí contando la historia… ¿En dónde entra el argentino?

-Despacito por las piedras… no te desesperes. Bueno… ¿Vos viste como fue avanzando la medicina con el tema de los implantes? ¿Te acordas como le dieron manija a la francesa que le trasplantaron la cara?… la mina que su perro le había destrozado la jeta y tuvo el ojete de encontrar un donante y le trasplantaron la cara.

-Uy, como me vendría de bien eso.

-Y si… con los acreedores que tenés.

-No pelotudo… para levantar minas… que me pongan una cara fachera.

-No te serviría de nada, la pelotudez es ¡INTRANSPLANTABLE!… por más pinta que tengas, las minas te van a sacar la ficha.

-Te estás ganando todos los números para un trompadón.

-Tranca.. Tranca papi… que querés que haga si me la dejas picando en el área… además sos vos el que me distrae y no me dejás seguir con la historia.

-Dale, dale… seguí que no te interrumpo más.

-Bueno… estábamos en que ya te trasplantan cualquier cosa… ¡epa!… se me acaba de ocurrir un trasplante que te puede venir bien.

-No te hagas el gracioso que a mí me la tienen que achicar.. las minas se me quejan.

-“Las minas se me quejan”… jajaja… sos un limado divino… jajaja… “Las minas se me quejan”…. Jajaja… por este tipo de cosas es por las que te quiero… jajaja.

-Dale boludooo…. La historia… la historia… que ya me voy a tener que ir.

-Ah cierto ¿Te cierran la bolsa de Tokio?… ¿Tenes que ir a chequear el Dow Jones, el Nasdaq?

-Yo me voy a la mierda… me cansaste.

-¡Parááá… pará la moto! Te sigo conta¡ndo.

-Dale.

-Muchos años después del Filipino apareció Fabio Rodríguez embarazado. El loco era un poligrillo de Rosario, que en una charla de café se enteró de lo del “Premio de la Reina Victoria”. Ahí nomas se puso en campaña de conseguir unos médicos inescrupulosos que le pusieran un útero y un óvulo fecundado. Los consiguió prometiéndoles parte de la tarasca. Los médicos le pusieron el útero y varios óvulos fértiles pero ninguno fecundado.

-¡Aaaah… que culeaditos!

-No les podés decir nada… Rosarinos…. vos sabes.

-¿Y cómo?

-Ni preguntes. Si te cuento como se lo fecundaron los amigos… te arruino el almuerzo.

-Dale seguí seguí, que ahora se puso truculenta la cosa… me gusta… me gusta.

-El loco este Rodríguez, a los ocho meses de embarazo cae por Londres, acompañado por los médicos y algunos amigotes que habían juntado la plata para el viaje. Para mí que le consiguieron los pasajes y lo llevaron para cagarsele de risa cuando le pegaran una patada en el orto en la puerta del Buckingham Palace. El loco pide hablar con la reina invocando el “Premio de la Reina Victoria”. Para sorpresa de los acompañantes los atienden ahí nomas… por casualidad o por morbo de ver quien era este fantoche de bigotes embarazado.

Le hacen los chequeos los médicos de la corte y dictaminan por escrito ante la Reina, que están frente al primer caso de un hombre embarazado en la historia de la humanidad.

Ahí se desató toda la locura… los medios televisivos, diarios, redes sociales… todos hablando de Fabio Rodríguez el primer hombre embarazado. De eso te debes acordar.

-Nop… nada.

-Y claro… si vos vivís en un termo. Si te pregunto que caballos corren hoy la cuarta de Palermo me tirás todos los nombres.

-Hoy no se corre.

-¡Ves, ves!

-Dale, dejate de joder y termina con la historia que ya estoy enganchado y atrasado.

-Bueno… la cuestión es que este Fabio Rodríguez era un excombatiente de Malvinas y los odiaba a los Ingleses con todo su ser. La Reina totalmente indignada con sus antepasados, le pone toda la torta de libras esterlinas a Rodríguez y le dice que elija las tierras que el desee de su reinado. El loco pide todas las tierras que rodean Londres. Miles y miles de hectáreas. La Reina expropia las tierras y se las escrituran a nombre de Rodríguez con toda la bronca del mundo. Aquí viene la movida magistral.

Con la lana que cobra de la reina se contrata al “Burlando” de Londres con todo su Buffet y comienza el maquiavélico jaque mate.

El abogado… un tal Farnsworth, y su buffet se empiezan a mover por todo el globo con las escrituras de Rodríguez en la mano.

Por pedido de Rodríguez, el buffet pone a la venta a un dólar la hectárea en Chechenia. Venden una torta.

De ahí se van a medio oriente… hacen lo mismo en Irán, Iraq y Siria.

Pasan por África y lo mismo en el Congo, Ruanda y Kenia.

Terminan recalando en Rosario con las últimas hectáreas.

Imaginate lo que pasó cuando se mudaron los nuevos dueños de las tierras… los nuevos muchachos del barrio… jajaja… en seis meses habían volado la mitad de Londres… lo otra mitad dicen que la volaron los propios Ingleses por orgullo propio y para cagar a los nuevos terratenientes. Y ahí tenes lo que es Inglaterra hoy.

-Esa la se… porque vi en la sección de espectáculos del diario que están filmando ahí Star Wars 19… es un páramo.

-¡BIEN! Por fin una. Si, es así. Imaginate como les quedó el imperio. ¡A la bosta!

-Che… ¿Y que fué de la vida de Fabio Rodríguez?

-Y al loco le contrataron como cincuenta sicarios para que lo hagan boleta… cajetillas ingleses seguro… la cuestión es que el loco no apareció más. Se convirtió en un mito. Hace unos años un boludo tuiteó que estaba en una isla perdida de la Polinesia de la cual no iba a dar el nombre. Que estaba viviendo con Yabrán y Elvis. Anda a encontrarlo al loco.

-Que buena historia boludo… gracias por contármela. Rajo porque estoy más atrasado que la mierda.

-Si.. andá… andá… seguro llegás tarde a alguna timba…¡HIJO DE PUTA!… para.. para…paraaa. Otra vez me plantó el cheque…Se fue sin pagar.

 

MARIANO ARGERICH

El Coñemu

 

El trabajo era pesado.

Todo el mundo quiere trabajar en el mundo del espectáculo porque cree que todo es luces, cenas exclusivas y vedetes que te cogés en camarines o detrás de escenografías. Quizás haya gente que hace esa vida, bueno, esa no era la mía.

Yo actuaba en lugares con mucho olor a pucho y alfombras con un fuerte olor a pata y orina.

Trabajo de Ventrílocuo desde los 20 años en este tipo de antros. Mi número está pensado para entretener a los clientes mientras rellenan sus copas a la espera de la siguiente stripper.

Mi muñeco se llama Estanislao, nunca le gusto a nadie ese nombre así que siempre me presentaron como Mariano y su muñeco lo cual despertaba miles de burlas entre los parroquianos más borrachos. El más popular era “Mariano… haceme hablar este muñeco”… siempre… pero siempre me lo tiraban. Todos festejaban este tipo de gastadas. Yo solo podía poner mi mejor cara de póquer y empezar con mi número.

Aprendí de un libro y con videos de Youtube, con lo cual podes imaginar que mi número no era de los mejores. Hacía los clásicos, hacer hablar el muñeco fumando, tomando un trago, comiendo una hamburguesa.

Un día me ahogué con el pucho, mi pecho explotó en una horrible tos y encima me cagué encima. Hacía días que venía con una diarrea desesperante por culpa de las hamburguesas del local. Lo peor fue cuando me compuse. Lo encontré a Estanislao tirado en el piso, bañado en mierda. Lo único que atiné a hacer fue a pegarle una patada y hacerlo desaparecer entre el cortinado, me  despedí como pude y salí del escenario. Esa debe haber sido mi noche de mayor éxito. Nunca logre tantas risas ni dejar a un público tan eufórico.

El éxito tiene un sentido del humor retorcido.

Esa noche conocí a Norma. Era una Stripper que ya estaba de vuelta. Tenía 40 años y la gravedad estaba trabajando su cuerpo. Ella gentilmente me llevó una toalla a mi camarín y un rollo de papel higiénico.

Ahí empezó una relación muy linda, una amistad basada en desgracias comunes que habíamos tenido sobre el escenario. Ambos habíamos pasado por momentos traumáticos y eso de alguna forma nos fue uniendo.

Empezamos a salir a tomar tragos y a cenar, hasta que llegó el fatídico día que me la chapé.

Esa noche nos habíamos dedicado al tequila con cervezas Corona, combinación suicida, si las hay. Terminamos en mi departamento tomando cerveza. Cuando terminó la suya me miró fijo y me dijo “Te quiero llevar a la cama”. Yo remamado le contesté “Sí llevame por favor porque no me puedo parar… podemos hacer una parada en el baño antes así  vomito? ”. Norma se paro y se fue del departamento cerrando la puerta brutalmente.

La volví a ver al otro día en el club. Mi resaca era horrible, sin embargo su cara en lugar de mostrar enojo o dolor por lo que había pasado, tenía una sonrisita traviesa.  Entró y de su mochila saco a Estanislao y me dijo “Este es mas hombre que vos”.  No Había notado su ausencia en mi maletín supongo que por la resaca que apenas me permitía arrastrar mi cuerpo por el lugar. Lo miré a Estanislao y estaba desmejorado. En algunas partes la madera estaba cuarteada y en otros la pintura había desaparecido, en la nariz por ejemplo. También venía con un olor extraño, a perfume barato y puerto pesquero.

Por suerte en mi maletín tenía todo lo que necesitaba, pegamento y pinturas para volver a ponerlo en forma antes de que tuviéramos que salir al escenario.

Esa noche fue tranquila, mi número salió regular… como de costumbre… la gente no se quejó demasiado… unos cuantos abucheos… lo standard para una noche tranquila.

Sin embargo cuando me estaba cambiando para partir escuché a la gente gritando y aullando en el lugar como no lo había escuchado en mucho tiempo. Miré por el costado del cortinar y era Norma quien recibía los gritos de aprobación de los parroquianos. Nunca la vi con tanta energía y tan osada. Yo también quedé sorprendido con su strip tease, que tengo que reconocer, me excitó muchísimo. Terminó de bailar y llovían los aplausos y los billetes sobre el escenario.

Ella se despidió como una verdadera estrella y los aplausos siguieron por unos 10 minutos más.

Pasó a mi lado y no notó mi presencia o no quiso notarla. Al bajar del escenario estaban las otras chicas y el dueño esperándola para felicitarla. Se abrazaron y gritaron como locos. Yo tomé mi maletín y me retiré en silencio. Mi vida siguió su camino hacia el olvido a buena velocidad.

Un año nuevo, al amanecer, luego de cerrar el local, empezamos a festejar y a beber. Toda iba bien hasta que noté que Norma me miraba de formas lasciva. Supuse que ya estaba borracha y no me equivoqué.

Antes de que nos despidiéramos y nos fuéramos del club se acercó y me dijo que quería hablar conmigo a lo que yo accedí. Fuimos a un rincón y me dijo sin ningún tapujo “Esta noche lo necesito a Estanislao”. Al principio pensé que estaba loca pero después tuve una genial idea, supongo que gracias a que estaba sobrio. Le dije “Lo único que te puedo ofrecer Norma es que hagamos un trió”. Lanzo una larga risotada y contestó “Por supuesto… no hay ningún problema”. Las cosas mejoraban.

Nos fuimos a su departamento. Entrando me tiro “vayan poniéndose cómodos”. Al principio no entendí el plural, después me acordé de Estanislao y lo saqué del maletín y lo senté a mi lado. Mientras esperaba, la veo pasar a Norma al baño completamente desnuda. Guiño que ningún hombre puede obviar. Rápida y nerviosamente me desvestí y me senté desnudo en el sillón.

Apareció norma y con cara de fastidio dijo “Que hace él vestido” señalando a Estanislao. No quise evaluar el estado de la psiquis de Norma, así que de inmediato me puse a desvestir a Estanislao. Una vez que estuvo desnudo el muñeco, Norma cambió de humor.

“Ahora pueden venir los dos a la cama” dijo y se marchó a la habitación. Tomé el muñeco y salí despedido detrás de ella.

Lo que sigue es muy difícil de contar. Si te pido que te imagines lo más loco del mundo, creo que te quedás corto.

Mientras estábamos en esa orgia de carne y madera, en un momento lo miré a Estanislao y me miró y me dedico una sonrisa. Casi me muero, se me bajo en el acto… el muñeco tenía vida…  no me pregunten cómo, pero en la cama era un ser independiente.

Norma se dio cuenta en el acto de mi flacidez y me dijo “¿Qué pasa papi? ¿No fue tu idea la del trío? Pensé que esto te iba a excitar”. De golpe Estanislao se me acerca y me dice algo al oído, me tira unas palabras como para salir del paso de la situación incómoda o al menos así lo pensé en ese momento. “Sabes que me calentaría en serio” dije… “Que Estanislao te hiciera una lluvia dorada… te prendes?”, “por supuesto, eso no se pregunta…. Jajaja… dale mi amor… llename de viruta” contesto ella “a este bombón se lo permito todo”

El muñeco se acerco a la cara de Norma y algo así como la punta de un plumero salió de entre medio de sus piernitas de madera y luego un fuerte chorro de orina salió de ahí y fue a aterrizar de lleno en la cara de Norma.

“Muñeco hijo de una gran puta” lo revoleó contra la pared y le saltaron los brazos y las piernitas, “y vos también impotente de mierda largate de aquí”.

Traté de juntar las partes de Estanislao mientras me vestía, con Norma gritando y empujándome para que me fuera.

Salimos con vida porque Norma estaba muy borracha, si estaba sobria nos apuñalaba. Era buena con los cuchillos la Norma. Tenía prontuario.

Ya en la calle, en la parada del colectivo, lo miraba a Estanislao con tristeza. “Cuando llegué a casa te arreglo” le dije y una lagrima corrió por la mejilla del muñeco. “No te hagas problema… te voy a dejar como nuevo”. Estanislao me miro con una tristeza infinita, ojos llorosos y hablo con tono de enojo “¡Pero La pinchila te la olvidaste adentro del departamento, ¡pedazo de forro!”, En ese momento llegaba el colectivo. Lo tiré debajo de las ruedas justo cuando frenaba y el Muñeco se hizo añicos. “¡Engrupido de mierda! Siempre te traté como a un hijo… ahora porque el señor coge, se cree con el derecho de faltarme el respeto…  Muñeco de mierda…   que noche podrida”.

 

MARIANO ARGERICH

L´amour

 

el amor

¿Cómo haces para que una persona que te ama llegue a odiarte con todo su ser?

Generalmente toma su tiempo y hacen falta un millón de cagadas de tu parte… si… estoy hablando de seis ceros…. Un millón de cagadas. Algunos clásicos son:  Timba fuerte, Gatos, Falopa, entre otras cosas. Por ejemplo: Perder una camioneta a los dados, Hacer desaparecer todos los ahorros familiares para pagar al dealer que te tiene amenazado de muerte, que te aparezca un gato en la puerta de tu casa con un hijo en brazos reclamando por el padre, que por esas duras o pelotudas coincidencias del destino sos vos.

Bueno, yo las hice a todas.

Terminé con un tramontina en mi pulmón izquierdo. La bruja nunca tuvo buena puntería. Le apuntó al bobo y me lo clavó en el pulmón. Mi viejo diría “No hay tonto que no tenga suerte”. Así que se cumplió su máxima.

Al pulmón lo perdí, lo cual fue una cagada, porque con uno solo tuve que dejar el pucho, la puta madre que los remil parió.

Ahora imaginate lo que es para mí conseguir una mujer. Es como si Dillinger anduviera tirando curriculum por los bancos.

Pero siempre hay una…. Siempre hay una…. Una despistada… una que no se enteró… o lo suficientemente loca y amante de la adrenalina, que te da bola.

Por supuesto que también está la posibilidad que te dé cabida una mina que en un principio la catalogas de ángel y una mañana te despertas atado a la cama, desnudo, y ella puteando tantas cosas y tan rápido que no la entendes, blandiendo un bisturí en el aire. Pasa… te lo digo porque me pasó. De esa zafé chamuyando como loco, prometiendo el oro y el moro, desayunos en la cama, cenas románticas en restaurantes caros, cruceros por el Caribe y alguna que otra pelotudez por el estilo. Ni bien me desató, Salí corriendo en bolas. Husain Bolt era un pelotudo al lado mío. Esa vez debo haber bajado los nueve segundos en 100 metros.

Después de eso ya aprendes a identificarlas, te paso alguna data: juegan con el pelo haciendo buclesitos y se lo mastican, usan desodorante en aerosol, no les gustan los  gatos, prefieren los perros, cuanto más malvados mejor. Otro tip: Te acostas a dormir una siesta y de pronto te despertas para darte vueltas en la cama y ella está parada a tu lado mirándote fijamente, desfigurada,  pero de una manera horrible, enferma….  que te da la impresión de que está mirando a otra persona. Si presencias esto, huí y pronto.

Creo que te pasé suficiente data, más no te voy a dar. No te puedo privar de la experiencia de vivir un tiempo con una de ellas.

Sacando las Psicópatas de lado, como te decía…. Siempre hay alguna desprevenida que cae en la red sin saber tu prontuario.

Cuando se enteran hacen lo que todas insulsamente creen poder lograr e intentan lo imposible… ¡CAMBIARTE! Nada más y nada menos.

Siempre lo intentan hasta que llegan a la razonable conclusión de que sos un irrecuperable y de golpe, como si fuera tu culpa, nace en ellas un odio mortal hacia el pobre peregrino. Contra uno que siempre se mostró como era, nunca ocultó sus defectos, siempre se hizo cargo de ellos… pero bueno… la cosa funciona así.

Ahí es cuando empezás a encontrar tu mascota cocinada en una olla, tus libros quemados, tus vinilos rayados y llegás al momento en que empezás a planear tu acto de desaparición a lo Houdini.

Se te viene a la mente el mito de que en Paraguay, por unos pocos pesos, hacen aparecer un cadáver desfigurado flotando en el rio Paraná con tu DNI apretado entre sus dientes.

También se te cruza la idea de contratar un sicario, pero uno, no es de esos tipos que andan boleteando gente porque una relación amorosa se te fue al carajo.

Así que partís hacia Encarnación a ejecutar tu plan A y conocés una Paraguaya de pelo rubio muy lacio y largo, ojos verdes gigantes, tez blanca y cuerpo escultural, y como un tonto volves a caer en la trampa del amor.

El amor es un estado en donde ciertas funciones ejecutivas del cerebro se anulan y jugamos a entendernos por un tiempo. Pero no hemos sido creados para entendernos, sino para tratar de descubrirnos, y en ese descubrimiento que intentas del otro, de tu pareja… te terminas descubriendo a vos mismo.

Así lo concibo al amor. Me vas a disculpar pero soy un tipo pragmático.

Después podrán escribir los más bellos poemas, fantásticas novelas románticas, filmar hermosas películas.

Yo solo conozco esta parte y es en todo lo que te puedo ayudar.

Para mí el amor siempre fue: encuentro, enamoramiento y fuga desesperada.

Para vos te dejo la tarea de refutar mi teoría y demostrarme mi equivocación. No te va a ser sencillo, estoy seguro. De cualquier manera yo paro aquí compañero, el resto es todo tuyo.

Au Revoir mi amigo. Bon Voyage.

MARIANO ARGERICH

Velada Boxística

El boxeador descendió cuidadosamente del ring escrutando cada centímetro cuadrado en donde pondría su pie.

Tambaleándose, bajaba los escalones que lo sacarían de la pesadilla que había sido la humillante derrota que sufrió arriba del ring. Todos sus ayudantes, preparadores físicos y amigos que estaban en su rincón, en ese momento deseaban profundamente que tropezara en los escalones y se partiera la crisma contra el piso. Joey no era de las personas más queridas en el ambiente boxístico.

La gente lo abucheaba a todo pulmón. Se reían, se mofaban de él, pero lo más sonoro y doloroso eran los abucheos.

El púgil llegó por fin al nivel del piso y levanto su rostro tratando de localizar el camino a los vestuarios. Su cara era una masa informe, ambos ojos cerrados por la hinchazón, amoratados, miraba sin mirar a su alrededor. En su cara no había dolor ni vergüenza, solo desprecio. Un desprecio casi infinito.

Empezó a gritar con todo lo que sus últimas fuerzas le permitían: “¡Hijos de puta!” mirando en todas direcciones. Gritaba doblándose hacia adelante como tratando de apretar su estomago y que todo su aire saliera hacia afuera, proyectando su grito de odio hacia cada rincón del estadio, “¡Hijos de remil putaaaa!”.

El público ya no se reía. El espectáculo era dantesco. Solo volaban en silencio vasos descartables y botellas plásticas frente a este monstruo que se arrastraba hacia las duchas.

Su rincón, su equipo, se había detenido al bajar del ring y tomando la dirección opuesta a la de su apadrinado, miraban como se alejaba con sus “hijos de puta” retumbando en cada rincón del estadio cerrado.

La gente no abandonaba sus lugares, querían ver este horroroso espectáculo en toda su grandiosidad. Este momento era para el público más importante que la pelea misma. El espectáculo era pornográfico.

A mitad de camino hacia las duchas se detuvo y con mucho esfuerzo, enderezó su espalda al punto de arquearla hacia atrás logrando que su bata, la que estaba colgando de su cabeza por la capucha, cayera al piso.

Su espalda flaca y llena de moretones, parecía la de un cadáver con rigor mortis.

Dio media vuelta su cabeza y vio que en el ring su oponente, su verdugo, lo miraba serio, extrañado por la repentina detención de su marcha. Mike levantó uno de sus puños y lo movió de lado a lado despidiéndolo. Joey al ver esto emprendió el regreso al cuadrilátero

El público lentamente volvió a sentarse. Por uno de los costados empezó a ingresar al estadio la policía anti motín.

Joey seguía su lenta, agónica, pero continua caminata de regreso al ring. De su nariz y boca no paraban de manar sangre, la que formaba una estela detrás de él. El silencio que se había hecho en el estadio era ensordecedor.

Levantó sus puños vendados al cielo, estirando sus brazos como queriendo alcanzar el techo.

Elevo su cara y recibió de lleno un incandescente haz de luz en esa carne magullada.

Mientras esto ocurría, la voz del estadio empezó a funcionar diciendo: “Se recuerda a los señores espectadores, que un pugilista noqueado que abandona el ring para luego regresar, puede ser golpeado a muerte por su contrincante, de acuerdo a las regulaciones de la organización mundial de boxeo. Además en esta segunda instancia de la pelea no será necesaria la presencia de árbitros ni jueces. Disfruten del espectáculo”.

Joey había desaparecido adentro de ese haz de luz increíblemente blanca. De pronto, de la misma manera que llego, se fue.

El cuerpo de Joey ahora tenía otra fisonomía. Su espalda estaba recta, su rostro seguía desfigurado, bañado en sangre, pero algo había cambiado en él.

Su forma de caminar, ahora era segura y firme. Caminaba a buen ritmo hacia el cuadrilátero mientras se sacaba las vendas de sus manos.

Una vez que estas estuvieron libres, golpeo sonoramente su puño derecho cerrado contra la palma abierta de su mano izquierda. Instantáneamente el público se erizó y volvieron los abucheos con gran ferocidad. El estadio parecía ahora temblar. Los policías corrieron hacia el ring y armaron una barricada a su alrededor impidiendo que ningún intruso subiera.

Joey ahora trotaba hacia el cuadrilátero sin prestar atención a nada de lo que ocurría a su alrededor. Volvieron a llover las botellas plásticas que impactaban en el cuerpo del púgil.

Subió al ring de un salto y se paró en frente a su contrincante. Sus narices casi se tocaban.

Mike inclinó sus labios hacia un costado dibujando una sonrisa sobradora. “Joey, no te quiero matar” articulo el púgil. “Me divierto con vos, sos un digno contrincante, pero no te mereces la muerte”. Esta última palabra fue apagada con un Cross de derecha certero y granítico de Joey a la mandíbula de su contrincante.

Mike retrocedió luego del impacto y se amaco en las cuerdas. El público salto de sus butacas y corrió hacia el ring. Era un tsunami de caras solo contenidas por el cordón policial. Se movían enloquecidos, como pirañas tratando de llegar a ese cuadrado rodeado de sogas desde donde venía ese profundo olor a sangre.

Mike volvió al lugar que antes ocupaba, se subió los pantaloncillos y sintió por primera vez en toda la noche el sabor a sangre en su garganta. Una nueva sonrisa se dibujo en su cara. Ahora fue un golpe de zurda pesada conectada al hígado de Mike lo que le borró la sonrisa. En realidad se la transformó en una mueca de dolor.

Su rodilla derecha se asentó en la cuerina del piso del ring, Levanto la cabeza y miró a Joey con ojos en fuego: “En verdad queres hacer esto?” replicó serio Mike.

Joey bajó sus brazos a ambos lados de su cuerpo, laxos, con un rostro que no dejaba entrever ninguna expresión o sentimiento.

Mike se incorporó y en un solo movimiento de cintura le aplicó dos certeros upper cuts en la mandíbula de Joey. Derecha e izquierda impactaron limpias en su quijada.

Sangre y transpiración saltaron de su cabeza como si hubiera explotado una piñata. Se movió hacia arriba con cada golpe que recibió. La sangre salto de a chorros como si se tratara de una fuente de aguas danzarinas. Llegó tan alto que manchó algunas de las luces suspendidas sobre el  ring.

Joey permaneció como clavado al piso, sin moverse, sin inclinarse, sin perder su centro de gravedad. Brazos bajos, al costado de su cuerpo y rostro inexpresivo.

La voz del estadio volvió a hablar: “De acuerdo a las normativas de la asociación mundial de boxeo y dado que se ha cumplido el tiempo estipulado  por el artículo 17 y no ha habido knock out luego del reingreso, los fiscales están en condiciones de pedir el ingreso del empalador al ring. También se solicita al amable publico que retire a los niños presentes en al auditorio pues a partir de este momento el espectáculo es estrictamente para mayores de 21 años. Muchas gracias”

Después del anuncio, mi mamá me tomó del brazo y nos fuimos.

 

MARIANO ARGERICH

El Último Hombre

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Ahora que estamos aquí y tenemos bastante tiempo, te cuento como pasó todo. La historia es bastante sencilla.

Mi vida era completamente solitaria, pero yo era muy feliz…. o creía serlo.

Después de la devastación de la gran guerra química, como recordaras, no quedamos muchos humanos en pie. De cualquier manera sabíamos que moriríamos pronto porque los vegetales y animales estaban contaminados o  muertos.

Cuando caímos en cuenta de la gravedad de la situación, empezamos también a entender que el canibalismo sería un hecho.

Sabía manejar a la perfección cualquier tipo de arma. Todo me lo había enseñado mi Padre entre los 5 y nueve años de edad. Luego Papá recibió un disparo en la nuca mientras bailaba festejando mí decimo cumpleaños.

No debe haber manera más estúpida de morir, que el que te encuentre una bala mientras estas haciendo el ridículo.

Hay miles de maneras de morir, una es el olvido, otra es el abandono. El abandono te permite morir mil veces. Cada perdida en mi vida era una nueva muerte. Hasta que al final me quedé solo.

Caminé por esta tierra estéril pensando que era el último hombre, que cuando muriera terminaría la historia de la raza humana. Estaba completamente convencido de que era el último, te lo juro. Hasta que lo impensado, lo imposible pasó.

Mi primer encuentro con mi asesino fue cordial.

Me anoticie de su presencia un día como cualquier otro, cuando estaba merendando, al atardecer. Levante mi tasa y cuando estaba por llevarla a mi boca sentí un zumbido que se agigantaba rápidamente y ¡bam! Estallo mi tasa entre mis dedos. Alguno de los pedazos dieron en mi cara y me cortaron levemente. Gire mi rostro ensangrentado y a lo lejos pude ver el brillo del atardecer en la lente del rifle de mi enemigo.

Me tire rápidamente al piso al lado de una pila de chatarra y una alegría inmensa me invadió el pecho.

Varios  disparos pegaron en las chapas y empecé a planificar mi  huida, ya que mis armas estaban guardadas lejos de ese lugar y mi contrincante estaba empecinado en terminar nuestra relación sin siquiera haberla empezado.

Llegué al edificio que funcionaba como mi guarida y me di cuenta que el francotirador no me había seguido. Ese fue mi primer encuentro con Samuel.

Duró casi tres años nuestro juego del gato y el ratón. De perseguirnos y dispararnos por días hasta que agotados, abandonábamos el juego.

Siempre festejaba el aniversario de la muerte de mi padre con una buena borrachera. Conseguía alcohol de los supermercados abandonados y me volaba la cabeza en su honor. A veces sentía que era una niñada todo esto del ritual recordatorio, pero después me di cuenta que me ayudaba a no sentirme tan solo. Recordar su muerte era recordar que existió, que estuvo a mi lado, que me acompañó, que fue mi padre. Después de muchos años de soledad te olvidas de ese tipo de cosas. El pasado se hace cada vez más borroso. Llegas al punto en donde todo parece haber pasado solo en un sueño. Y desconfías de tus recuerdos, como desconfías de la veracidad de tus sueños.

Un año, lidiando con una resaca mitológica, se me ocurrió algo que nunca lo hubiera pensado en situaciones normales. Quería conocer a mi asesino. Cosas que se te ocurren con el sistema nervioso central deprimido.

Esa tarde plante una bandera blanca en una colina desde donde podía divisar si aparecía alguien en cualquier dirección. Yo estaba acostado con mi fusil de largo alcance, cuando por la mirilla veo algo increíble pero muy esperado. A lo lejos se acercaba alguien con un fusil en su hombro, enarbolando una bandera blanca.

Lo recibí con una trompada en la boca que lo dejó fuera de juego. Tenía que asegurarme que sus intensiones eran sinceras y honestas. Así que lo até a un auto quemado cercano a mi guarida y empezamos a charlar cuando volvió en sí.

La charla duró varios días hasta que me convenció de que lo liberara. Cuando lo hice su primer reacción fue partirme la boca de una trompada. Hay cosas que no se olvidan.

Nos había costado pero habíamos dado un paso importante. Sabíamos que uno iba a morir a manos del otro, pero mientras tanto tratamos de aprovechar y hacernos un poco de compañía. No sabíamos por cuánto tiempo, ni quien daría el primer paso. Yo por lo menos traté de no hacerme esas preguntas y disfrutar día por día de la compañía que tenía. No charlaba con alguien desde la muerte de mi padre, de esto pasaron 30 años. Es mucho tiempo para no emitir una palabra.

Samuel también disfrutaba de mi compañía, se notaba por su buena predisposición y buen humor.

Nunca tuve sexo, ni novias ni nada parecido a las vivencias que me contaba mi padre. Nunca entendí lo que mi viejo explicaba como amor, pero creo que lo que teníamos con Samuel era lo más parecido al amor que había tenido en mi vida.

No me atraía físicamente, ni tenía ganas de cogérmelo. Solo amaba su presencia, su conversación, su existencia en mi vida.

Si me apuras ya, te digo que lo amaba. Si hermano……   estaba enamorado de Samuel.

El también disfrutaba de mi compañía. Estaba muy activo y divertido la mayoría del tiempo. Me contó sus penas, sus pesares,  sus pérdidas y lloramos juntos con sus historias más dolorosas.

Fueron los mejores años de mi vida.

Todo anduvo de maravilla hasta que apareció ella ¿Vos podes creer? ¿Cuanta mala suerte puede tener un ser humano?

Cuando mejor nos estábamos llevando con Samuel, aparece esta mina.

Cuáles eran las posibilidades de que hubiera otro sobreviviente y encima ¡que fuera una mina! La reputa madre que me remil parió.

Lo que nos costó construir durante años con mi asesino, lo destruyo esta mina en segundos, con su sola presencia.

La tomamos inmediatamente como rehén y ahí empezaron las discusiones. Seguro te las podrás imaginar y no son importantes para lo que te estoy contando, solo te voy a decir como terminó todo. Con un balazo en mi frente, así es como terminó todo. Pero no creas que le hecho las culpa a Samuel de que me matara. Todo fue culpa de esa yegua

La cuestión es que ahora sobrevuelo este planeta como si estuviera hecho de helio. La verdad que esto de no tener cuerpo es muy copado ¿no te parece? va… . Que te voy a contar a vos.

Miralo al muy pelotudo cocinando mi cuerpo y riéndose a carcajadas con la mina. Mira como le lleva un trozo de mi hígado a su boca y ella lo acepta. Esto es el festival de la hipocresía.

No hace falta que me quede más tiempo para saber cómo termina esto ¿no te parece?

No te di las gracias por esperarme en este lugar. Muchas gracias macho. Ahora si podemos ir hacia a ese lugar que tanto jodías que teníamos que ir.

¿Me recordas como se llama?

 

MARIANO ARGERICH

El Cuadro

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Eran buenos tiempos.

Era joven,  pintón y con un físico razonablemente atractivo, cualidades propias de cualquier treintañero. Tenía un buen trabajo y ganaba una suma importante de dinero. De una personalidad agradable, por llamarla de alguna manera. Alegre, por ahí un tanto díscolo, zorzalino (como diría mi madre). Algunas podrán decir “hijo de putita”; puede ser.

Trabajaba en una multinacional, lo que en este país generalmente significa un ingreso importante. Para mi edad lo era. Profesional, recién recibido con un excelente promedio; supongo que eso fue lo que me permitió conseguir el trabajo. A mí me servía para enrostrarle al interlocutor de turno la idea de que soy más inteligente que él.

Alquilaba un amplio departamento; muy bonito. Que había amueblado bastante bien. Bien para un bulo, seamos claros. Equipe una barra con todo lo que te puedas imaginar; compré un libro sobre cómo preparar tragos, así que usándolo como guía, compré todas las bebidas imaginables. Cosas que ni sabía que existían: Cointreau, Bitter, Pernod, Angostura, Chartreuse. Además compré todos los vasos que pudiera llegar a necesitar y más; de trago largo, los chiquitos para el Tequila, las tulipas para el Champagne, el boca abierta de los Martinis, los de Vino, los Whiskeros, los de agua, los de cerveza, los panza ancha de Brandy, las copitas para el Jerez y el Anís. Para completar los enseres, compré licuadora, batidora, mini-pimer, coctelera, mortero, medidas y una nespresso para el cafecito de la resaca. La sofisticación en su máxima expresión.

Me equipe con una cama de 2 x 2 y muchos sillones confortables para recibir a mis amigos. Nunca me preocupe por la cocina porque siempre comía afuera y cuando llevaba gente al departamento, solo era para los tragos iniciales o finales de la noche.

Un buen equipo de música y una colección muy completa de todo tipo de estilos musicales.

Cuando empecé a organizarlo tuve algo en mente: el departamento de soltero de Huge Hefner en los años 70. Había visto un documental sobre su vida y me encantó la manera en que vivía en esa década; de hecho tenía un programa de entrevistas que salía en vivo desde ese departamento. Ese lugar era el centro de atracción de toda la farándula y la cultura de la época. Me encantaba esa fauna de figuras pop, crooners y conejitas. Quería lo mismo. Y así fue.

Mi departamento se convirtió en el punto de reunión de gente selecta; donde charlábamos de los temas más variados y controvertidos. Los hombres bebíamos y fumábamos, las mujeres ronroneaban en busca de un partener ocasional. Cualquiera que quisiera ser alguien en esta ciudad, tenía que pasar por mi departamento, tarde o temprano. En lo que a mi concierne, me llevaba la mejor parte, como Huge. Me quedaba siempre con la mina más linda de la noche; o por lo menos con la número dos. Me convertí en una leyenda.

Pasaron los días, los meses, los años.

La empresa para la que trabajaba compró una pequeña pyme a la que querían, tras una fuerte campaña publicitaria, relanzar al mercado. Era una bodega familiar que cayó en mis manos por pedido de mi gerente general. Estaba ubicada en San Juan, en un pequeño poblado del interior.  Allí me la pasaba de lunes a viernes, organizando el personal, charlando con proveedores y distribuidores. Luego regresaba a la capital, a mi querido departamento y a mi rol de anfitrión. La vida me sonreía.

En uno de mis viajes, me fui a visitar los viñedos. Estaban en Villa del Salvador, departamento Angaco. Me presentaron al intendente y me invitaron a conocer el poblado. Como buen pueblo chico todo giraba en torno a la plaza principal. Caminamos un poco por ella; había una pequeña feria artesanal en donde vendían quesos, dulces, mates, vinos y licores caseros. En una de las esquinas había un pequeño puestito con cuadros. Me paré en ese último y me puse a mirar las pinturas con curiosidad. Eran pésimas; una peor que la otra. Hasta que me sorprendió una maravillosamente horrenda.

La escena parecía desarrollarse en el paredón de una represa. En el centro del cuadro había una pareja besándose; el llevaba unas zapatillas Nike rojas muy llamativas; el símbolo que identifica la marca estaba muy bien dibujado, como si fuera un manifiesto de algún tipo. El muchacho era de tez oscura y pelo negro lacio, tenía puesto una especie de jogging azul. La mujer era rubia, de tez blanca y muy exuberante; llevaba un vestido negro corto, pegado al cuerpo y estaba cruzando las piernas.

Nunca vi nada tan patético. El autor solo quería unas Nike y una rubia. Aspiraciones acordes al pueblo de mierda donde me encontraba. Lo compré de inmediato; baratísimo por supuesto. El autor era un tal González. Pobre González; el tipo me daba pena. Me acorde de Luca Prodan cantando: “… pequeñas personas, con sus pequeñas vidas”.

Lo ubiqué en la mejor pared de mi departamento, iluminado por unas dicroicas. La primera noche que mis amigos vieron mi nueva compra fue descomunal. Todos se mataban de risa. Me felicitaban por haber conseguido semejante pieza Kitsch. Yo también me reí muchísimo con el cuadro.

Las Nike estaban pintadas con un nivel de detalle admirable. Se notaba que el autor deseaba esas zapatillas con todo su ser. Que las había estudiado minuciosamente durante un buen tiempo. Quizás a través de una vidriera o en la publicidad de una revista de peluquería.

Lo de la muchacha estaba al mismo nivel que las zapatillas. Los pechos y la cola estaban pintados con el mismo esmero. Quedaba claro que la quería voluptuosa; de medidas generosas. También era muy cómica la postura en la que la pintó. Eso del beso con las piernas cruzadas me parecía tan acrobático, como cuando una mujer viaja en la misma pose arriba de una motocicleta, con las piernas colgando a un lado.

Resaltaban en el cuadro las zapatillas del muchacho, los pechos y la cola de la rubia. Los objetos del deseo del autor, sin duda.

Las felicitaciones me llovían por mi ocurrencia, mi travesura. Las opiniones eran del tipo “Genio, solo a vos se te puede ocurrir comprar ese mamarracho”.

Estaba muy orgulloso de mi hallazgo. Una pieza única, original y “bizarra” al extremo. Todos festejaban mi picardía.

Pasaron los días, los meses, los años.

Mi vida continuó su carrera alocada a ninguna parte. Las fiestas se volvieron monótonas. La gente que pasaba por mi departamento era cada vez más joven o más estúpida. Y a pesar de vivir rodeado de personas, me sentía muy solo. Cada día más solo.

No me pregunten porque, pero todas las noches terminaba sentado en un sillón frente al cuadro kitsch que tantas satisfacciones me había dado, mirándolo hasta cansarme, apurando un whisky, tratando quizás de alegrarme un poco, de reírme. Pero el cuadro había perdido su gracia. Como un chiste que se cuenta mil veces.

Todas las noches lo miraba, lo miraba y lo miraba hasta el hartazgo.

A medida que el tiempo transcurría, todo lo que pasaba en mi departamento era cada vez más grotesco y sombrío. Cada noche parecía sacada de un capítulo de la dimensión desconocida o de una película de David Lynch. Todo se había vuelto gris, como cubierto por cenizas. Los personajes que me frecuentaban eran cada vez más extraños, mi estilo de vida era extraño, mi decoración era extraña, mi peinado era extraño. El freak show había llegado a la ciudad y se había apoderado de mi vida.

Lo único que no encajaba con el ambiente del departamento era el cuadro, como siempre, como nunca. Solo que ahora parecía tener nueva vida. Ese cuadro cobraba mayor relevancia día a día en mi desgastada existencia.

El pintor sabía lo que quería. Era austero en sus necesidades. Solo quería un buen calzado y una mujer a quien amar. Lo de las zapatillas quizás significaba que estaba cansado de caminar, de pelear a la contra, de vivir de una determinada manera. Necesitaba descansar, sus pies necesitaban alivio, una tregua. Pero él no quería parar la marcha, no quería abandonar la lucha. Él quería seguir, solo que más aliviado. Por eso quería unas zapatillas cómodas. Para vivir de otra manera, para seguir de otra manera. Quizás cuando consiguiera vivir de esa forma, aparecería su rubia de vestido corto, su amor. Un amor de besos cálidos y espontáneos, como el del cuadro. Besos que llegan en el momento justo, que no se pueden frenar, que te sorprenden en alguna pose extraña, como la de ella. Esos son los besos con los que soñas. Los que no olvidas. Los que pintas.

Pasaron los días, los meses, los años.

El cuadro me llamaba cada vez más la atención, le encontraba mayor sentido. El pintor sabía lo que quería. Yo no lo sabía. Todo lo que creía saber, era nada. Nada funcionó como esperaba. El destino se encargó de abofetearme con todas mis grandes máximas sobre la vida y sobre todo sobre las mujeres. González sabía sobre la vida y las mujeres. Yo estaba cada día más perdido.

Esas zapatillas yo también las quería. También quería aliviar mi marcha. Llegué a comprarme un par similar a las del cuadro, de la misma marca y el mismo color, pero no eran las mismas. Las mías eran más sofisticadas, las de él eran más simples, hasta parecían más cómodas. Me enganche con varias rubias parecidas a la pintada, pero  nada, no eran iguales, solo en la superficie. La de González parecía más cálida que cualquiera de mis mujeres, más sexy, más mujer.

Vino un Downsizing en le empresa, un ajuste sanguinario y me quedé sin trabajo. No pude seguir pagando el alquiler del departamento. No volví a conseguir un trabajo como ese. Solo conseguí un puesto menor en una empresa estatal. Las fiestas se acabaron. La gente se olvidó rápidamente de mí. Las botellas se acabaron y no las repuse, no había porque, ya nadie me visitaba. Mis muebles pasaron de moda, al igual que mi ropa, y mi cara. Lo único que aguantaba el paso del tiempo era el cuadro. Mejoraba día a día. Cada vez envidiaba más y más al pintor. Quizás a estás alturas ya había conseguido sus zapatillas y su mujer. Al final habría encontrado la felicidad que a mí se me hacía tan esquiva.

Pasaron los días, los meses, los años.

Me jubilé. La ciudad me había cansado. Me cansó su ritmo, me cansó su salvajismo. Me decidí a partir hacia el interior. Me había vuelto un viejo sin darme cuenta. El trabajo me había anestesiado con su música de ascensor y no noté como los años se me iban de las manos. Un día miré al espejo y me pregunté ¿Quién es ese viejo? La vida se me había escapado entre espejismos y malas decisiones. Termine solo. Sin familia ni amigos. Tenía buena salud, eso ya era algo. La única herencia de valor que me habían dejado mis padres, era la genética. Sabía que iba a morir de viejo, como todos en mi familia.

Me fui a vivir a un pueblito de Córdoba. Un lugar tranquilo y relajado. Un lugar para pasar mis últimos años. Puse todo lo que tenía en una valija y me subí a un colectivo. Llevaba mi cuadro envuelto en papel madera.

Llegué a la casita que había alquilado en traslasierra. La única que pude alquilar con mi mísera jubilación. Una casita pequeña y muy modesta. Tiré la valija sobre la cama, saque el cuadro del envoltorio, lo colgué sobre una pared y me senté a mirarlo.

Pasaron los días, los meses, los años.

MARIANO ARGERICH

Fe Ciega

AlbumCovers-BlindFaith(1969)

Primer Acto

En una habitación amplia y luminosa de un hospital, se encontraba Sergio tendido en una cama. Su cabeza estaba cubierta por vendajes que dejaban entrever algunas manchas de sangre. Sergio miraba aturdido a su alrededor tratando de entender lo que estaba pasando, pero no lograba comprenderlo del todo. Estaba desconcertado, con un zumbido muy molesto en sus oídos. De repente se abrió la puerta de la habitación y entró un hombre flaco y pálido, de cabello entrecano, mal afeitado, con un guardapolvo blanco muy largo y unos pequeños lentes circulares.

Médico: Ya se despertó. Muy bien – dijo como pensando en voz alta – Buenos días Señor

Sergio ¿Quiere desayunar?

Sergio: ¿Dónde estoy?

Médico: Está en el Hospital General de  Simferópol. Tuvo un accidente en la calle.

Sergio: ¿Qué me pasó?

Médico: Cruzo mal en una esquina y lo atropello un auto. Tuvo mucha suerte, la mayoría de las personas que tienen este tipo de accidente no cuentan la historia. Usted tiene un Dios aparte.

Sergio: No me acuerdo del accidente, en realidad no me acuerdo de nada.

Médico: Su cabeza golpeó contra el parabrisas del auto, fue un golpe muy fuerte. Le hicimos una tomografía computada y hemos detectado una inflamación en la corteza cerebral. Es probable que tenga una amnesia temporal, no debería durarle más que un par de días.

Sergio: No recuerdo nada, ni familia, ni amigos ¡ni quien soy! Nada de nada.

Médico: No se angustie señor Cano – el medico se acomodó sus lentes y empezó a caminar alrededor de la cama leyendo algo que llevaba en la mano, una especie de carpeta – Su nombre es Sergio Cano, su cedula de identidad estaba en su billetera. Esta amnesia es algo temporal.

El médico caminó hacia una silla que estaba en un rincón de la habitación. Tomó un pequeño bolso de dónde sacó un cuaderno de tapas negras.

Médico: Llevaba esta mochila con usted. Entre los objetos de esta mochila hemos encontrado un diario personal que no hemos leído, a pesar que en estas circunstancias es necesario saber todo lo que podamos del paciente. No hemos querido invadir su privacidad. Le dejo el diario para que vaya refrescando un poco su memoria y mientras tanto le digo a la enfermera que le traiga el desayuno. ¡Relájese señor Cano! – Decía mientras apoyaba su mano sobre el hombro de Sergio – esto es cosa de un par de días. A la tarde lo vuelvo a ver, hasta luego.

Lo primero que pensó Sergio fue: “Un diario ¿Quién mierda escribe un diario hoy en día? Soy un pelotudo”. De cualquier manera la situación en la que se encontraba hacía que ese pequeño diario fuera lo único capaz de darle alguna respuesta, poder entender porque estaba tirado en una habitación de hospital con la cabeza partida. La angustia llegó a su cuerpo en forma de un frio repentino. Sergio necesitaba leer ese diario para encontrar alivio a su malestar o por lo menos entender lo que había pasado. La búsqueda de la verdad, el sagrado grial de cualquier ser humano.

 

Querido Diario                                                                                                                              

Hoy empiezo a escribirte por una necesidad intolerable de expresar lo que siento. Hoy he perdido mi trabajo y cuando se lo he contado a mi Señora, se enfureció y se fue de casa. Se rajó con los chicos a la casa de sus padres.

Según ella con vagos no puede vivir, pero lo mío no es vagancia, no es mi culpa que las empresas hagan estos ajustes inhumanos, dejando a empleados con años de trabaja en la calle para poder mantener los altos niveles de ganancias que pretenden tener. O quizás los hacen solo para sobrevivir en este país donde los políticos de mierda que tenemos, solo piensan en llevar plata a sus bolsillos, mediante retornos y coimas, hundiéndonos a todos en crisis personales como las que vivo. Donde la humillación de no tener trabajo, no poder pagar tus cuentas y no poder mantener a tu familia, se vuelve insoportable. ¡No sé qué voy a hacer!

 

Querido Diario                                                                                                               

¿Qué es la felicidad? ¿Dónde se la encuentra? ¿Quién la tiene? ¿Quién lo es?

Yo no sé qué es la felicidad.

Así como la oscuridad es la ausencia de luz, la felicidad podría ser la ausencia de dolor. Pero todo nos duele. Los males que el hombre infringe a sus congéneres son inagotables. Todos nos lastiman, hasta la naturaleza misma.

¿Cómo podemos ser felices si el dolor está asegurado? Quizás debamos pensar alguna forma de transformar ese dolor en otra cosa, en alguna especie de aprendizaje. Deberíamos recibir el dolor de otra manera, amigarnos con él, ser su compañero. Si el dolor es una forma de aprendizaje, entonces la alegría puede venir del hecho que estamos acercándonos a algún conocimiento elevado, a alguna verdad universal.

Pienso esto y no le encuentro demasiado sentido. Alguien alguna vez dijo algo de amar a tu enemigo ¿Cómo? Quizás de la misma manera que recibiendo al dolor con alegría. Quizás en la humildad de reconocer que somos seres desprotegidos, mortales, débiles, frágiles, inconscientes, soberbios, irresponsables. Que mezcla más extraña. Nuestra naturaleza es omnipotente y autodestructiva por antonomasia.

Un ser que todo lo destruye crea las obras más sentidas, emotivas, delicadas.

La oscuridad y la luz juntas. La presencia y la ausencia.

El suicidio es una posibilidad.

 

Sergio cerró el diario tembloroso, pálido. Lo que había leído lo había conmocionado – ¡La puta madre, me quise suicidar! – pensó. Esa habitación parecía más vacía, más fría, todo parecía un mal sueño. La puerta de la habitación se abrió tímidamente y por el pequeño espacio que quedó abierto, introdujo la cabeza un hombre alto, de tez oscura, bigotes y gorra azul, similar a las gorras de los policías de los años 30.

Hombre: Permiso señor Sergio. Buenos días.

Sergio: Buenas ¿Y usted quién es?

Hombre: Soy su chofer señor Sergio. No se haga problema, solo voy a estar un segundo, el doctor me pidió que no me demorara. Sus colegas y empleados ya están al tanto de lo que pasó. Solo vine a traerle los diarios como todas las mañanas y desearle que se mejore. Hasta luego señor Sergio.

Sergio: Chau.

Sergio levantó la mano despidiendo a su chofer mientras este se retiraba de la habitación.

Sergio: ¿Chofer? ¿Colegas y Empleados? La mierda, debo ser un tipo importante.

Esta visita le cambió un poco el humor. Presuroso continuó la lectura del diario.

Querido Diario

Mi situación es desesperante. He frecuentado a la mayoría de las Iglesias de la ciudad. También he visitado mezquitas, sinagogas y parroquias evangelistas. No encontré alivio en ninguno de ellos, solo un sosiego temporal que rápidamente se desvanecía frente a la dura realidad del desempleo.

Busco todos los días trabajo y no lo consigo. La situación está cada vez más difícil. En las distintas entrevistas que he tenido me he encontrado con antiguos compañeros de trabajo. Al principio me alegraba de verlos, porque eran como una familia para mí, pero rápidamente caía en cuenta de que ellos también habían sido despedidos y se encontraban en mi misma situación. A medida que mi cabeza procesaba esta información la alegría del encuentro se transformaba en bronca, por saber que ellos habían corrido con mi misma suerte y luego la bronca se transformaba en resquemor ya que ahora se habían convertido en una competencia más a la hora de conseguir un puesto de trabajo. Esto es una mierda. Estoy pensando seriamente en irme del país. Por la falta de laburo y además porque mi esposa ya ha encontrado una nueva pareja, alguien con “trabajo”.

Qué vida de mierda.

 

Querido Diario

Sigo sin trabajo. Empecé ya mi recorrido por los manosantas y sensitivos. Lo hice con total convicción, esperando una sincera ayuda, pero eso no ha ocurrido. Los he descubierto dándome consejos que después los encontré en tuhoroscopo.com. Ya tengo un bloque de cemento y una soga, si la cosa empeora, busco una viga y termino con esto.

 

Querido Diario

En una de mis tantas noches de desvelo, me quede mirando la programación del canal 5 hasta que termino y empezó  un programa que en un principio me pareció de autoayuda. Se llamaba “Pare de Sufrir” y lo bancaba la Iglesia Universal. Al principio, ingenuamente lo miré para ver si me podía brindar alguna ayuda espiritual porque en verdad la estaba necesitando, estaba desesperado, Pero poco a poco, a medida que avanzaba la programación paga, me fue develada una fuente de trabajo maravillosa. Y no fue precisamente gracias a una intervención divina por parte de la Iglesia, si no que la respuesta era la iglesia misma.

Entendí el gran negocio que implicaba esto de la Iglesia Universal. Al principio miraba el programa con un nivel de ingenuidad abismal, quizás porque en algún punto esperaba que este programa me sacara de este estado depresivo en el que me encuentro. Pero poco a poco pude ir descubriendo la verdadera trama de lo que estaba frente a mis ojos. Los patrones quedaron muy claros una vez que los pude identificar. Entendí que debía hacer para llegar al éxito en la carrera eclesiástica.

Algunos argumentos de los testimonios eran los siguientes. Primero: mi marido me pega y chupa, gracias a la iglesia ya no chupa y no me pega y encima saqué la quiniela. Segundo: mi marido me pega, chupa y timbea, gracias a la Iglesia ya no me pega, no chupa y no timbea, encima sacamos la lotería. Tercero: fuimos a un mentalista y no logró nada, pero con la ayuda de la iglesia logramos un cambió.

El mensaje era realmente claro y primario. No busques a mentalistas, sanadores, manosantas. La solución es la Iglesia Universal. Todas tus adicciones las solucionamos por el mismo precio y encima te vamos a hacer ganar dinero.

Los números cerraban fácilmente. Si dejaban de chupar y timbear, plata no les iba a faltar y si sus esposas se comían una cagada de cuando en cuando no iba a haber problema porque mientras el dinero fluía todo lo demás era negociable. Hace tiempo había  escuchado la máxima: “lo importante es el dinero, las cagadas van y vienen”

 

Querido diario:

¡Gran noticia! he llegado a uno de los templos de la Iglesia Universal y he charlado con uno de los pastores. Le conté que estoy en la lona y que de alguna forma entiendo su rebusque. Le dije que no los juzgaba, que me parece acertado el enfoque. Seamos realistas, esto es él Titanic y lo que cada uno haga para mantenerse a flote es cosa de cada uno.

El pastor termino por entender mis palabras y de alguno forma se abrió ante mí. Le dije que quería ser pastor, que soy bueno para los idiomas y que el portugués lo puedo aprender fácil. Se rio y me dijo “pibe, tenés que empezar de abajo” y me ofreció hacer alguno de los testimonios.

Si lo hacía, lo quería hacer con todo el circo, así que me ofrecí para ser el tullido que camina.

 

Querido diario:

Hoy hice mi primera performance en la Iglesia. Fue para un Oscar, entré en mi silla de ruedas con cara de pocos amigos, de una apatía e incredulidad absoluta; me llevaron hasta el escenario y el pastor de turno me dijo “Levanta os ánimos, usted melhora hoje, caminha caminha CAMINHAA” y el turro me pego un tirón de los brazos que me hizo sonar todas las vértebras.

La verdad que estuvo muy bien porque muchos escucharon el ruido de mi espalda y se impresionaron. Después de eso empecé a dar unos pasos temblorosos hasta que me pareció prudente empezar a caminar. Gritaba como loco “¡lo hizo! ¡Camino! ¡Después de veinte años en esa silla, camino!”

Mi actuación fue sumamente convincente. Las viejitas lloraban a lo loco; en lo que pasaba corriendo entre los feligreses logré ver a un tipo con una cara a lo Chuck Norris, lagrimeando, haciendo puchero el muy maricón. Ahí me di cuenta que fui un bombazo, un éxito arrollador. Todos cantamos, gritamos y lloramos por unos 40 minutos. Cómo habré estado de bien, que pidió verme el pastor general de la diócesis barrial para charlar conmigo. Me ofrecieron repetirlo en otras delegaciones, pero uno debe saber retirarse mientras gana y me puse firme en decir que no. He dado, valga la redundancia, mi primer gran paso y no voy a dejar que me usen indefinidamente. Quiero ser pastor y se lo voy a plantear al delegado regional.

 

Querido diario:

Soy pastor. Hoy oficie mi primera reunión pastoral. Todo salió muy bien. La recaudación fue estándar.

 

Nuevamente Sergio cerro su diario, lo tiró en la cama y se tomó la cabeza con una mano.

Sergio: ¡Soy un garca de mierda! No te lo puedo creer. Como puedo haber caído tan bajo de jugar con la fe de la gente, soy un hijo de mil puta.

Se abrió la puerta de la habitación y entró una adolescente hermosa. Su frescura cambió el aire de la habitación, su pelo rubio amplificaba la luz, de pronto todo era alegría y vida.

Adolescente: Hola papi.

Sergio: Hola nena ¿sos mi hija?

La adolescente se frenó repentinamente junto a la cama y lo miró extrañada.

Adolescente: ¡La boca se te haga a un lado! Parece que es verdad papi, que no te acordas de nada. Soy tu Barbie ¿te acordas? ¿De cuando me hacías disfrazar de colegiala? ¿De cuándo hacías de Ken? ¿De las fiestitas tampoco te acordas?

Sergio: Heee no.

Adolescente: Jajaja, papi papi ya te vas a poner bien y vamos a volver a las fiestitas ¿Si? Vos sabes lo mucho que me gustan. Siempre me dijiste que era una fiestera. ¿Te acordas?

Sergio: No, pero si lo decía debía de ser así.

Adolescente: Si papi. Te dejo así descansas. ¿Queres que te traiga algo? ¿Un poco de polvito de ángel?

Sergio: ¿Polvo de ángel?

Adolescente: ¡Uf papi! El accidente te volvió un saturron. No te creo. Mejor me voy, el doctor me dijo que no me quedara mucho tiempo porque tenés que descansar.

La adolescente se movió rápidamente hacia Sergio y lo besó en la boca. Un beso imprudente para esa hora de la mañana.

Adolescente: Chau.

Sergio trató de descifrar lo que acababa de pasar con la Adolescente y especialmente lo de “polvo de ángel”. Supuso rápidamente que se trataba de droga. La muchacha por más bonita y joven que fuera no parecía una colegiala. Si parecía una groupie con conocimiento acabado de bandas de rock y drogas duras. Sergio ahora guiaba sus pensamientos hacia el físico de la muchacha. Sus piernas largas y bien trabajadas, sus grandes pechos apretados debajo de esa diminuta remera, su cola redondeada y carnosa. Una sonrisa empezó a dibujarse por primera vez en su rostro.

 

 

Segundo Acto

Sergio se despertó luego de una breve siesta. Repasó en su mente los pocos recuerdos que tenía. Estaban todavía ahí. Buscó su diario, lo toma entre sus manos y continuó la lectura

 

Querido diario:

¡Batimos record de recaudación! Fuimos los primeros en la zona sur de la ciudad.

Mandé a mi mano derecha con un bolso a que trajera champagne y whisky para festejar. Lo del bolso es para que los feligreses no se tienten y para cuidar un poco las formas. Qué lindo pedalin nos agarramos. Llamamos a unas putas de capital y organizamos un pijama party ¡La orgía estuvo tremenda! Carchábamos todo lo que se movía.

 

Querido diario:

Ya soy el delegado regional de la zona sud. Mi sacrificio y mis recaudaciones han dado sus frutos.

Le estoy agarrando el gustito a esto de ser pastor. Me he armado un esquema de trabajo para organizar las fiestitas con las feligresas, hasta tengo tabulada una planilla de Excel.  Analizo a las nuevas integrantes de la congregación, siempre las que están entre 16 y 20 años porque en esa edad están bastante loquitas. Les hago primero un trabajito mental, nada extravagante, livianito nomas, no necesitan más. Después las llevo a mi oficina del fondo que he equipado con sillones rebatibles y espejos en el techo. Con un poco de alcohol y drogas estas chicas se ponen muy lindas.

 

Querido diario:

He institucionalizado la iniciación de las chicas. Les llamo “La apertura de las puertas del cielo”. La única apertura que hay es de piernas. Algunos pastores que saben de qué se trata, quieren participar de estos rituales. ¡Ni en pedo! para eso me rompí el culo trabajando. Que se hagan de abajo como yo, que recauden la plata que yo recaudo y ahí vemos.

He terminado de instalar mi nueva iglesia en un pequeño local que he alquilado a un precio más que razonable. El arrendador se comprometió en dejarme el alquiler en un precio accesible una vez que le conté que iba a poner un negocio en el rubro de la espiritualidad. Parece que este hombre ha pasado por algunos malos momentos; su mirada y las cicatrices en sus antebrazos así lo demuestran.

Tuve que juntar plata para mis testimonios y pagarle a algún delincuente para que aparezca en silla de ruedas y se paré en medio de la congregación. Lo mismo con ciegos, sordos y mudos.

 

Querido diario:

Me estoy cogiendo a las feligresas más chicas. Conitos de dulce de leche.

Por ahí me aparece algún chabonsito con una cámara oculta tratando de cagarme el negocio. Generalmente son unos muchachos muy hambreados de algún canal de televisión que podemos comprar por poco dinero. Por ahora el negocio es seguro. Tengo que estar atento.

 

Querido diario:

Las sanaciones y las iniciaciones me llevan mucho dinero así que empezamos a hacer cosas más económicas, con un alto impacto entre los feligreses. Curamos empacho y paletilla, mal de ojo y culebrilla, cosas simples pero necesarias. Tenemos una viejita del campo que hace estas tareas por nosotros. Por supuesto que me niego a mermar la calidad de las iniciaciones o “aperturas” como me gusta decirles. Me gustan con todos los chiches. Juguetes, ropa, cámaras, alcohol y drogas. Tengo gran cariño por el Bobby, un perrito pekinés que le gusta mirar las fiestas. Lo pongo en un rincón de la habitación y él mira con avidez todo lo que hacemos. El de las sombras de Grey es un pelotudo.

Una de las chicas que me fifaba quiso hablar con la prensa. Es una piba de 16 años, de pelo negro muy largo y lacio, muy bonita. Me enteré por otra de confianza que participa de los rituales de iniciación. Le conseguí por medio de un contacto que fuera bailarina en un programa de cumbia. Esta tranquila y con la boca cerrada. Tengo que seguirla de cerca.

 

Querido diario:

Las fiestas sexuales se volvieron cosa de todos los días. A mí no me gusta hacerlo con más de tres por razones obvias. Mis juegos preferidos son “El lazo Malayo”, “La caída del Emperador” y “El Escuzex-moi”. Grey es un boludo.

 

Querido diario:

Me llamó mi contador muy enojado diciendo que estoy al borde de la quiebra. Me dijo que estoy quemando muchísima plata en alcohol, viagra  y juguetes sexuales y mi capital está menguando considerablemente. Sabía que estaba pasado un poco de rosca el día en que, después de una borrachera de antología, amanecí en mi cama con un travesti, un enano y un mormón. El Bobby se había orinado en su rincón de la habitación. Fue demasiado. Aunque todavía pienso que fue una buena compra la del toro mecánico.

 

Querido Diario

Hoy aparecieron por la parroquia los hijos de mil putas de la AFIP. Esos coimeros de mierda se llevaron todo. Los contratos, computadoras, recibos, facturas, todo. Estoy hasta las pelotas. Encima hablé con mi contador y me dijo que estoy en la bancarrota, según él hace tiempo que vengo gastando plata a lo loco y esto era inevitable. Dice que me venía avisando y no le daba bola. Este es otro hijo de mil putas. En cuanto tenga una mínima oportunidad lo hago bosta.

No me queda otra alternativa que sacar prestada plata de El Conde para pagar las coimas a los de la AFIP y seguir adelante, si no lo hago me cierran la iglesia y se me viene la noche.

Lo último que quiero es deberle plata a alguien como El Conde, pero no tengo más alternativas.

El tipo es un personaje oscuro, que aparenta tener códigos, por lo menos los tuvo todo este tiempo que me vendió drogas. Me llego a fiar hasta 10.000 pesos en falopa. Por supuesto que se lo pagué como corresponde. Además me hizo una gauchada con un flaquito que pille robando plata de la iglesia y en un rapto de ira lo magulle feo con una estatua. Quedó tirado en el piso tiritando, como con convulsiones. El me solucionó el problema. No sé si alguna vez apareció el flaco.

Sergio cerró nerviosamente el diario. Su garganta estaba seca, muy seca. Acercó a sus labios un vaso con agua que estaba sobre una mesa movible que le quedaba justo por arriba de las piernas. Tomó un sorbo. El vaso temblaba en su mano.

Entraron tres hombres a la habitación, ambos con aspectos sospechosos y muy fornidos, parecía que la ropa les quedaba chica. Miraron para todos lados y se pusieron al lado del marco de la puerta. Después entro un hombre pequeño, de traje, con una cara horrible. Sergio se puso muy nervioso. Intuía que estos tipos no traían buenas intenciones.

Sergio: Muchachos, estoy seguro que todo es un mal entendido, todo se puede solucionar.

Hombre pequeño: Ya no hay nada por solucionar.

Se hizo un profundo silencio en la habitación. Sergio bajó la mirada mientras el hombre pequeño de traje se acercaba a la cama.

Hombre pequeño: Ya está todo hecho. El Rey ha muerto.

El hombre se paró al lado de Sergio y tomo su mano derecha. La levantó y la beso.

Hombre pequeño: ¡VIVA EL REY!

Los tres monstruos que estaban parados en la puerta empezaron a aplaudir y se acercaron hasta la cama. Cada uno fue tomando la mano de Sergio y diciendo “Viva el Rey” y la besaban. Cuando terminaron el hombrecito de traje volvió a hablar.

Hombre pequeño: Señor Sergio: ¿Qué necesita?

Sergio vacilo un minuto.

Sergio: Ehm. Nada.

Hombre pequeño: Bueno, cualquier cosa nos avisa. Aquí va a quedar Fermín en la puerta custodiándolo. Si necesita algo se lo pide a él.

El hombrecito se cuadró e inclino su torso levemente hacia adelante.

Hombre pequeño: Hasta luego señor Sergio.

Salieron. Fermín se paró afuera de la habitación, a un costado. Como un patovica en la puerta de un boliche.

Sergio estaba atónito, con la boca entreabierta. No entendía nada de lo que acababa de pasar pero sabía dónde buscar respuestas. Retomó el diario.

 

Querido diario:

Soy cada vez más amigo del Conde. Todos los días viene a mi Iglesia y organizamos algo. Una picadita, un asado o una fiestita. El conde está con los pibes, los prefiere a las minitas. Según él las minitas son un clavo. A cada cual su instrumento, diría el director de orquesta. Aquí en la Iglesia lo malcrió un poco al Conde. ¡Lo quiero mucho al hijo de puta!

 

Querido Diario:

Los días pasan sin demasiado sobresalto. La tormenta económica va pasando. Las tardes me gusta pasarlas con el Conde jugando a las cartas y tomando unos tragos. Por ahí viene con unos amigos y armamos una partida de póker o un pase inglés. Me conseguí un dado cargado y les paso el trapo a todos. Anoche en un par de tiradas del dado le saque a todos 5000 pesos, al Conde en cambio, por ambicioso, le gané 30000 pesos. Se fue muy caliente. En otro momento me hubiera cagado un poco de miedo, pero ya tengo confianza con el Conde, no va a hacer nada. Es copado.

 

Querido diario:

El Conde me cagó. El muy hijo de puta me tiró la cana encima. Parece que mató a un flaco y le dijo a la gorra que tenía que ver conmigo, la cuestión es que los tengo dando vueltas por la Iglesia todo el día, revisando cámaras, charlando con vecinos. Me tienen las bolas al plato.

 

Querido diario

Estoy pergeñando un complicado plan para cagarlo al Conde. Llegamos al punto donde es él o yo. Así que las cosas ya están rodando. El me llevó a este extremo, me arrinconó y no se arrincona a una fiera. No sin esperar que te arañe la cara.

Jaque Mate Conde y la concha de tu hermana.

Sergio alejo la mirada del diario, medito unos segundos y lanzó una estrepitosa carcajada.

Sergio: Jajaja. Listo, soy el nuevo poronga de la zona. Jajaja. Ahora todos me chupan bien la pija.

Sergio miró hacía la puerta y pudo ver la silueta del guardaespaldas que habían dejado los maleantes para su custodia. Se acomodó en la cama y en su rostro se dibujó un gesto de satisfacción y omnipotencia. Todo en él ahora parecía grandioso. Se puso más derecho en su cama, dejó el diario en la mesita de noche y acomodo las sabanas meticulosamente.

Se abrió la puerta y entró un tipo alto, con grandes hombros, rubio y de barba tupida. Se acercó sonriendo a la cama de Sergio. Este lo miró despectivamente, como un oficial de alto rango mira a un colimba. Sin mediar palabra le dio un beso en la boca. Sergio se retorció en la cama al sentir la lengua del visitante en su boca, pero el gigante de barba lo tenía bien agarrado por los hombros.

Sergio: ¡La puta que te pario! – dijo, pasándose la mano por la boca

Barbado: Holis

Sergio: ¡Que carajo te pasa! ¿Porque hiciste eso?

Barbado: Hay tonta, que malhumorada que estas. ¿Qué te pasa?

Sergio torció su cuerpo esquivando el cuerpo del barbudo que le obstruía la visión de la puerta

Sergio: ¡Fermín!

El guardaespaldas se dio media vuelta y los miro por el pequeño ventiluz de la puerta, esbozó una  sonrisa y nuevamente se puso de espaldas a la habitación, como si hubiera visto alguna escena conocida.

Barbado: Mira, no sé qué bicho te pico, pero se lo voy a atribuir al estrés post traumático. Me voy, pero fíjate en ese diario de mierda que tenes ahí, que dice de Pepona. Chau maricón.

Sergio: ¡Raja de acá! ¡Raja! – dijo, mientras señalaba la puerta.

El barbado salió de la habitación. Sergio abrió desesperadamente el diario y con rapidez de superhéroe volvió a leer.

 

Querido diario:

……. Hoy conocí a un señor que se hace llamar “Pepona”……..fachero el trolo, si no fuera por la barba….

 

Querido diario:

….. Pepona me hizo cagar de risa……

 

Querido diario:

…. Pepona es muy ocurrente….

 

Querido diario:

….es inteligente este Pepona …

 

Querido diario:

… y cuando estábamos en el bote con Pepona viendo el atardecer….

 

Sergio estampilló el diario contra la pared.

Sergio: ¡Soy puto! ¡ME ROMPIERON EL ORTO!

Sergio cubrió su rostro con sus manos y estalló en llanto.

Las luces de la habitación empiezan a apagarse lentamente. El escenario queda en penumbras. Entra Darth Vader desde un costado seguido por un spot de luz. Se para en el centro de la habitación mirando al público.

Darth Vader: Niños, la secuencia de eventos que acaban de presenciar, demuestra que el crimen no paga. Luchen con todas sus fuerzas contra las tentaciones del maligno, en este caso, YO. Coman sus cereales, tomen su leche y manténgase alejados de las drogas.

Darth Vader saca un pañuelo, lo revolea por el aire un par de veces de arriba a abajo y luego de gritar “hop”, aparece una paloma en su mano derecha. Se escuchan aplausos. La deja volar y esta se dirige al público. Vader saca un rifle de aire comprimido de entre sus ropas y dispara contra la paloma. El balín le da en el medio de las alas y explota. En lugar de sangre, de su interior salen cientos de cigarrillos como si hubieran roto una piñata gigante. Los niños gritan de alegría.

Darth Vader: Los veo en el infierno ¡A revoi!

Estallan aplausos y gritos histéricos del público.

 

Epilogo 1

Sergio se sentía apesadumbrado, decaído, miraba a un punto fijo en la pared. De pronto se abre la puerta de la habitación y entra un niño pequeño, de cabello enrulado.

Niño: ¡Papiii!

Sergio no necesito consultar su diario para entender lo que pasaba en su pecho. Lo abrazo al niño calurosamente y las lágrimas empezaron a caer por sus mejillas. Sabía que ese era el amor de su vida.

Epilogo 2

Sergio se sentía apesadumbrado, decaído, miraba a un punto fijo en la pared. De pronto se abre la puerta de la habitación y entra la Adolescente hermosa llorando.

Adolescente: ¡Papiii!

Sergio no necesito consultar su diario para entender lo que pasaba en su entrepierna. La abrazo a la Adolescente hermosa calurosamente y las lágrimas empezaron a caer por sus mejillas. Sabía que se comía un conito de dulce de leche.

Epilogo 3

Sergio se sentía apesadumbrado, decaído, miraba a un punto fijo en la pared. De pronto se abre la puerta de la habitación y entra Pepona llorando.

Pepona: ¡Papiii!

Sergio no necesito consultar su diario para entender lo que pasaba en su estómago. Lo abrazo a Pepona calurosamente y las lágrimas empezaron a caer por sus mejillas. Sabía que le habían roto el culo.

MARIANO ARGERICH

Extremistas

Documentos hallados en cuevas de la cadena montañosa de El Ambato y desclasificados hace unos pocos meses, daban cuenta de la presencia de campamentos Talibanes en la Provincia de Catamarca. La traducción de algunos de esos documentos se agregan a continuación. Hacer uso discrecional.

arab old3Nota Arabe

 

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Casa de Piedra – Catamarca, 20 de Junio de 2011

Coronel Abdel Samad

Nimruz – Afganistán

Le escribo para brindarle un panorama de la situación en que se encuentra nuestro grupo de Al-qaeda en Argentina, Sudamérica.

El lugar que elegimos para nuestras actividades se llama Casa de Piedra y está ubicado en la provincia de Catamarca. Es de una topología similar a nuestros campos de Afganistán: un lugar recluso y sin demasiados habitantes, características necesarias para desarrollar las actividades de nuestro campo de adiestramiento y comando de operaciones de la zona sud.

Con el patriarca Laden muerto la mitad de nuestros reclutas desaparecieron. Su fallecimiento fue una catástrofe a gran escala. Devastador.

Nuestros hombres de Latinoamérica han abrazado nuestra religión y nuestra causa pero debo admitir estimado Coronel que no lo han hecho con un convencimiento firme, más bien creen a su manera. Muestra de ello es que pretenden rezar de parados, no quieren siquiera inclinarse hacia La Meca. ¿No entiendo cuál puede ser la incomodidad? Al final los dejamos rezar a su gusto, pero si tan solo se sacaran las manos de los bolsillos mientras lo hacen. Son unos maleducados.

Por otro lado encontramos en los lugareños una asombrosa facilidad a la hora de aceptar nuestros dogmas religiosos, más que nada en lo referido al rol de la mujer. Ya hemos apedreado a varias traidoras, casi todas esposas o exesposas de ellos. Ninguno opuso resistencia a la hora de juzgarlas, en realidad pasaba todo lo contrario. La verdad que son de naturaleza extraña estos latinoamericanos.

En el entrenamiento son perezosos, evaden el esfuerzo físico a cualquier costo. Son por naturaleza cleptómanos pero mantienen siempre el sentido del humor. No logramos que comieran el corazón de un enemigo pero nos enseñaron una variante interesante, que es ponerlo sobre una serie de gruesos alambres a los que llaman “parrilla” y al calor de unos troncos ya extintos los cocinan. Debo admitir Coronel que es sabroso.

Nuestros fondos se hicieron escasos debido a los pagos de dinero que semanalmente debíamos realizar a la autoridad gubernamental de Casa de Piedra en concepto de soborno. Para sortear este gasto innecesario, volamos el ayuntamiento local. A pesar de haber destruido el edificio por completo, no hubo bajas entre los funcionarios, solo un perro resulto víctima involuntaria de nuestra ofensiva. Inexplicable.

Luego de este intento fallido supimos que estábamos frente a grandes estrategas, así que decidimos pagar regularmente lo que nos pedían y lamentablemente ocurrió lo que tanto temíamos, nuestras arcas desfallecieron por completo. El contador Adham Aiab, encargado de las finanzas de la misión, nos propuso una idea brillante: ingresar al mercado de las películas pornográficas. Seguimos su consejo y  nuestras arcas rebosaron de dinero fresco nuevamente. Los saudíes se habían perdido la oportunidad de acompañarnos y cuando se enteraron de este nuevo emprendimiento exitoso quisieron una parte de la torta. ¡Shufitizi!

Nuestras películas eran de carácter amateur pero con hilos argumentales intrincadísimos. El número de reclutas Argentinos aumento exponencialmente al enterarse de nuestros trabajos para la industria del entretenimiento adulto. La mayoría no daba con la talla requerida por normas de la industria, pero se ofrecían a misiones suicidas con la sola esperanza de salir en una de nuestras producciones. Concluimos que las actrices Suecas generaban tanta demostración de valor y osadía. Eran mujeres extremadamente bellas que trabajaban por sumas de dinero exorbitantes.

Los ambientalistas no nos dejaban desarrollar nuestras actividades en paz. Llegaron a nuestro predio a hacer una manifestación con pancartas y banderas. Denunciaban que nuestros campos de adiestramiento causaban polución. En realidad era solo la polvareda que levantaban las alpargatas de los reclutas. Los hemos ajusticiado y enterramos sus cuerpos en unas salinas que están próximas. Nadie ha reclamado por ellos.

Nuestros talibanes Catamarqueños no aprenden bien el Inglés con lo cual no podremos introducirlos en lo Estados Unidos, además tienen pánico de volar. Por este motivo hemos intentado buscar objetivos más cercanos, en la región sud. Pero encontramos un problema idiomático más,  al parecer por no emplear correctamente el castellano. Cuando hablamos de objetivos “políticos”, ellos proponen casas de familias, que en general son de su familia “política”. Aparentemente hay un grave error semántico. Sin embargo ellos defienden sus propuestas con una obstinación inusitada.

No hemos conseguido aviones para nuestras misiones. Tampoco autos. Tenemos bicicletas y burros con cargas explosivas. Ambos vehículos son bastante riesgosos a la hora de llegar a tiempo con la detonación. En el caso de las Bicicletas, es casi imposible disimular los explosivos y en el caso de los burros, no podemos lograr que se traguen las garrafas.

Una mañana entró en nuestras instalaciones un automóvil Peugeot 306 verde con tres masculinos en su interior. Estaban muy ebrios. Querían chalecos explosivos en el acto. Ahí nos dimos cuenta que nuestra organización era muy conocida en el pueblo y temimos por represalias americanas.

Un día baleamos a un hombre de aspecto anglosajón. Mientras agonizaba en el piso nos dijo “loco, ¿yo vine de onda y me disparas? que loco, morirme así loco, no me lo hubiera imaginado, que locura”. Por otros paisanos supimos de quién se trataba.  Por estas regiones se los conoce como “rosarinos”.

Nuestros muyahidines de medio oriente son bravos, feroces, decididos. Nuestra célula argentina es un tanto más vaga. Sus tiempos son otros, no los de Alá. Según nuestras proyecciones,  tardaríamos unos 30 años en programarlos para que se inmolen con una bomba, además la edad promedio en que los reclutamos es de 40 años, todo esto hace que nuestras misiones suicidas peligren. Para cuando tengan que colocarse un chaleco con Trotyl, la artrosis y el reuma no les permitirán tener la agilidad necesaria para eludir los malditos perros detectores de explosivos.

Por esta causa, intentamos conseguir adeptos entre la juventud, así que nos infiltramos en una Boîte de la capital llamada La Casona que está a unos 140 kilómetros de distancia. Con nuestro reclutador instalado como barman pudimos enrolar a varios jóvenes, pero la característica predomínate en ellos era su alto nivel de autodestrucción. Ud. pensará estimado Coronel Samad que eso que yo llamo defecto es una ventaja para nuestros intereses, pero lamentablemente no es así. Sus altas ingestas alcohólicas los convertían en “detonadores precoces”. Termino que hemos acuñado para encuadrar sus ganas de terminar una noche de libertinaje con una detonación.

Nuestro psiquiatra descubrió que nuestros talibanes latinos son amantes de la adrenalina extrema. Gustan de salir con travestis de día, ingieren cantidades intolerables de alcohol y disfrutan el andar en sus pequeñas motos en una rueda. Intoxicados, gritan frente a las comisarías e iglesias “Viva Perón”, mensaje en código que nuestro grupo decriptador de Shanghái tradujo como “Muerte al Sultán Danzarín Capitalista”

También les gusta correr detrás de una bola de cuero a la que llaman “fútbol”. Juegan poco más de una hora y luego regresan a la ingesta alcohólica. Gracias a Alá que en nuestras naciones este juego cavernícola no se ha popularizado.

Como nuestro equipo médico lo anticipara, el alcoholismo se transformó en el principal problema entre nuestros soldados. Decidimos quitarles esa adicción dándoles opio, que conseguimos fácilmente en nuestras plantaciones de Afganistán. ¡Grueso error! Muchos volaban sus cargas explosivas durante las practicas, al grito de “que se cague la bruja”. Los devolvimos a la bebida.

Es recurrente la consulta de un tal “aguinaldo”. Quieren que los pongamos en “planta permanente”. La verdad que no sabemos de qué planta se trata, suponemos que es alguna alucinógena. Nos piden licencia por enfermedad, otra cosa que no logramos entender. Estamos planeando degollarlos mientras duermen.

El alcoholismo ha dominado por completo la voluntad de nuestros cadetes, no sé si esto es consecuencia del estrés propio que genera nuestro adiestramiento o por la increíble sed que manifiestan tener. Una mañana encontramos un grupo de “amanecidos” mezclando Nitroglicerina con Fanta para su ingesta. Manías alcohólicas inverosímiles. La mensualidad que reciben por parte de nuestra organización, se esfuma en preservativos, vino y cigarrillos. Además hemos detectado un robo hormiga de nuestras películas de entretenimiento adulto. Al principio pensábamos que era para la venta, pero descubrimos que era para consumo personal ¡Kosofta!

Ante la impotencia generada por esta situación, nuestro psiquiatra se ha auto decapitado. La misión se ve comprometida sobremanera. Quedo a la espera de vuestras instrucciones.

 

Capitán Abdel Fattá

Catamarca

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 Nimruz – Afganistán, 5 de Mayo de 2012

 Capitán Abdel Fattá

Su Despacho

Han gastado tanto explosivo y opio que la misión se ha tornado inviable. Por favor póngase un chaleco y vuélese. ¡ES UNA ORDEN!

 Coronel Samad

 

MARIANO ARGERICH

Hombres

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No puedo escribir. En realidad no sé cómo hacerlo. Se poner una palabra detrás de la otra pero eso no significa que pueda escribir, solo significa que conozco de manera primitiva un lenguaje y puedo usar su simbología para transmitir una idea. ¿Y acaso eso no es escribir? No lo sé. Mi padre sabiamente diría “Que bruta Verónica”, “Cuanta ignorancia”.

Lo bueno es que me gustan las palabras y me gusta cómo se ven escritas en un papel. Además disfruto de la idea de que las leas y se te presente la imagen que representan en tu cabeza. En este momento soy la dueña de tu pensamiento ¿O no? Puedo poner palabras horribles en tu mente, como asesinato, y listo, ya la tenés ahí junto con alguna imagen espantosa asociada. Pero bueno, voy a ser benévola y pondré algo lindo en tu mente, como flor, perfume, amanecer, niño.

Ojalá todas estas palabras te hayan generado lindas imágenes. Por lo menos en la mía lo hacen.

Como verás me gusta jugar con la cabeza de la gente. Soy psiquiatra desde hace años, pero esto no termina ahí, también soy parapsicóloga. A eso me dedico para hacer plata. La psiquiatría es buena, pero la parapsicología es muy superior. Vivo en Nordelta, tengo dos autos, un marido, un amante y dos hijos que van a las mejores universidades europeas.

Sí, hago guita jodiendo gente. ¿Te vas a poner en moralista conmigo? ¿Vos? ¿Nunca una canita al aire? Bueno, te la dejo pasar, pero después que te cuente lo que me pasó, me decís como habrías actuado. Ahí sí que te quiero ver.

Estoy haciendo unos de mis recorridos por el país con mi “Sanación Ambulatoria” y llego a este pequeño pueblo de Santa Fe en donde encuentro a un gringo hermoso de unos 23 años que lo hipnotizo como parte de unos de mis tratamientos. Como psiquiatra he trabajado con regresiones y se cómo hipnotizar a una persona. La pongo en trance en cuestión de segundos.

Me meto en su mente y la controlo por completo. ¿Quién se puede resistir a tener a un hombre así bajo su dominio absoluto? Ninguna mujer, te lo puedo asegurar. Menos a semejante papurron. La cuestión es que está tan bueno que decido mantenerlo hipnotizado todo el tiempo, para todo el viaje y llevármelo.

Dejé a mi esposo, a mis hijos, a mi amante, al perro, a los vecinos, al país. ¡A la mierda, a vivir a una Isla del Caribe!

Todas las mañanas se levantaba aturdido y rápidamente tenía que ponerlo nuevamente en trance para poder tenerlo conmigo. A veces me despertaba y él estaba llamando al 911 pidiendo ayuda. Tenía que tomar el teléfono y decir que todo era una broma.

Reconozco que esto te debe sonar macabro, pero si te muestro una foto del chongo se te acaban todas las dudas y prejuicios.

Estuvimos así 7 años, hasta que un buen día, mientras estábamos de gira por Punta del Este. ¡Paf! Una vocecita empezó a hablar con mayor y mayor fuerza en mi cabeza, no me dejaba en paz, maldita conciencia.

Esa noche no puede dormir por el remordimiento. No pude soportar más la situación. Esperé a que él se despertara y le conté como pude toda la verdad, llorando frenéticamente. Para mi sorpresa no me golpeó como inicialmente esperé que lo hiciera. Solo bajó la mirada y me dijo que hace años que ya no lo hipnotizaba, pero que le gustaba el empeño que le ponía y la calidad de vida que le daba.

-¡Desgraciado! – Fue lo primero que se me escapó, pero su mirada aguda me hizo recordar los años de Hipnosis. Me calmé y seguimos charlando.

Me empezó a contar que en cada charla que yo tenía por distintos países, el programaba una reunión con su amante estable que viajaba con nosotros pagada por mí, a todas partes del mundo como un par medias extras.

Estaba por gritar pero me contuve. Tragué saliva y dejé que siguiera hablando porque estaba más comprometida que él en todo esto. Yo había empezado con esta farsa, pero ambos habíamos sacado provecho de la situación. De cualquier manera, no iba a dejar a este infeliz seguir con su vida de privilegios sin conocer a la tipa que estaba gastando plata de mi bolsillo en cada viaje y acostándose con mí juguete sexual. ¡Ni loca!

Hablamos de empezar de nuevo, de no seguir con esta farsa y que lo de su amante debía terminar. Él estuvo de acuerdo. Hicimos borrón y cuenta nueva.

De todas maneras me decidí a seguirlo de cerca, para conocer a su amante, porque estaba convencida que no la iba a dejar o por lo menos tenía que verla para cortar con ella, cosas que las minas sabemos. Me quedé rumeando un único pensamiento “Atorranta, la vas a pagar”.

Al día siguiente de la confesión mutua le digo: “Eduardo, tengo una entrevista con un paciente importante, voy a salir una hora”, con una tostada en la boca y sin mirarme asintió con la cabeza. Dije esto y salí del hotel, pero me quedé en el café de enfrente esperando a que apareciera la yegua. Mi instinto femenino me decía que se iban a encontrar. Empecé a pensar que quizás me apresuraba, que tal vez él no la había llevado a Punta del Este. Me estaba poniendo paranoica.

Pague mi café y me levanté con una sonrisa.  Me dirigí hacía la puerta y lo vi a Eduardo salir hasta el hall del hotel. Reí nuevamente pensando “Me vio y me viene a buscar, es un dulce” y lo vi abrir la puerta de una limousine negra que acababa de estacionarse. Tomó la mano de una mujer y esta bajó del automóvil. Era una morochita bajita de unos 55 años, gordita, retacona y de trenzas. Él le llevaba medio cuerpo. Abrazados caminaron calle abajo. Sentí una descarga eléctrica en mi sistema nervioso central y trastabillé en el único escalón de la puerta del café. Caí de culo en la vereda.

El mozo rápidamente fue a auxiliarme, me ayudo a parar y se lo agradecí con un billete de 100 dólares. Yo me mato en el gimnasio y esta gorda de mierda me caga el macho. No lo puedo permitir, ¡la reputísima madre! Fue lo único que pude pensar. Los seguí de cerca. Los vi entrar a un museo. Yo entré detrás de ellos. Se pararon frente a una obra de Eugene Delacroix y se besaron apasionadamente. Las lágrimas rodaron por mi cara. Nunca había visto nada más romántico.

¿Por qué no puedo tener eso yo? ¿O por lo menos algo parecido? Debo haber jodido a los dioses equivocados.

Lo único que atiné a hacer fue a sacarles una foto y mandársela a mi grupo de amigas en WhatsApp y ver si alguna podía reconocerla. Varias conocían a Eduardo, así que envié una foto en donde a él se lo ve de espaldas y a ella de frente y titulé el mensaje: “Romanticismo en el Museo, ¿Alguien conoce a esta afortunada?”. Nadie me contestó por WhatsApp. Me encabroné y  Tuiteé el mismo mensaje y esperé noticias de mis seguidores. Tuve noticias, y vaya si las tuve.

Para mi sorpresa era una ex empleada de la que no tenía registro. Aparentemente la había despedido de mala manera hace tiempo, por lo que pude saber luego. La Googleé desesperadamente para conseguir algún teléfono, mail o algo que me ayudara a encontrarla luego, a solas. No quería hacer una escena frente a Eduardo, no quería perderlo. Encontré una página con su nombre y nuevamente recibí una descarga de 10.000 voltios.

Se la describía como la cabeza de una religión nueva llamada Milciología. Aparentemente de mucho éxito entre artistas y estibadores. La muy turra parece que había encontrado uno de mis libros y había aprendido la profesión.

¡Maribel! La muy guarra. La voy a matar, la voy a fundir, mejor aún, voy a hacer un conjuro para que no se le pare más a ese desgraciado- Bajé un cambió porque esa última opción me iba a perjudicar a mí también. -Mejor hablo con Maribel para ver qué es lo que quiere con mi novio- No se lo pensaba entregar así nomás. ¡Que se busque su propio gringo!

La llamé e increíblemente acepto que nos sentáramos a tomar un café y “negociar” esta situación. Quedamos en juntarnos en un bar de La Barra en Punta.

Llegué temprano y busque una mesa cercana a la puerta, al lado de una ventana que daba a la calle. Llevaba mi arma por si la charla se ponía tensa. Llegó Maribel a la ventana del Bar. Me miró y entró con cara de pocos amigos. Me hizo acordar a Stallone en Rambo I. Creo que le vi un poco de barba en el mentón, no sé, puede haber sido la iluminación.

Se sentó en la mesa. Pedimos dos cortados y charlamos un buen rato hasta que por fin mostró las garras.

-No te lo voy a dejar – Me dijo la petisa.

-Te voy a fundir – Contesté.

-Te voy a dejar ciega.

-Yo te voy a dejar sin dientes – Dije esto y me di cuenta que le faltaban un par.

Así seguimos amenazándonos un buen rato hasta que por la ventana lo vemos pasar a Eduardo de la mano de un pelado barbudo. El pelado se iba tocando la barba. Esos pelados de mierda que se dejan la barba solo para tocar un poco de pelo en la zona alta, lo único que pueden hacer. Se miraron enamoradísimos y para completar la postal se trenzaron en un beso interminable.

Nos quedamos heladas, nos miramos desconcertadas. Esa imagen la sorprendió a Maribel tanto como a mí. Empezó a sonar en el bar “Simpatía por el demonio” de los Rolling Stones. Saqué mi 9 milímetros de la cartera. Ella sacó una AK 47. Nos miramos y gritamos a coro ¡La cuentaaaaa!

 

MARIANO ARGERICH